* Dentro de la tragedia: A más de una semana del doble impacto de los terremotos que estremecieron la zona central del país, la sociedad necesita —y comienza— a reencontrar su rumbo. No es indolencia ni mucho menos inhumanidad. Simplemente, los rescatistas locales y de distintas partes del mundo, a quienes siempre deberemos gratitud por su entrega y desprendimiento, continuarán su labor hasta que se extinga todo vestigio de esperanza. Entonces, se abrirá una etapa aún más dura y dolorosa: identificar a los fallecidos y desaparecidos, activar protocolos sanitarios y emprender la reconstrucción en la zona cero, es decir, en La Guaira. La desventura ha golpeado con fuerza a la nación, pero, como he dicho, nos levantaremos; y lo haremos sobre la base de nuestras fortalezas: la unidad y todo lo que hemos aprendido, a veces con dolor, como sociedad.
* Roles y méritos: Muchas personas se volcaron, con una generosidad conmovedora, a recoger insumos, trasladarlos y organizar la solidaridad que exige un momento como este. Así como algunos mostraron lo mejor de sí, también hubo expresiones de bajeza frente a la urgencia ajena. Personas que descendieron a la zona cero con el interés de exhibirse, de convertir el dolor en contenido, mientras a otros se les restringía el acceso —medida comprensible ante la congestión que se generaría si todos acudieran al epicentro del desastre—. Cada quien vio lo que vio; los juicios, si han de hacerse, corresponderán a otro momento. Hubo, además, un interés evidente por descalificar la acción de funcionarios de distintos organismos nacionales que, aunque en parte respondió a errores reales y a una deficiente comunicación oficial, no puede ocultar que circularon videos manipulados, abundaron las fake news y se atacó todo esfuerzo validado desde las autoridades. Criticar es legítimo; alentar el dolor y exacerbar el malestar, no.
* Politiquería: Ante el anuncio de María Corina Machado de su intención de regresar al país para liderar y acompañar a la gente en medio de la tragedia, formulé una pregunta en sus redes que hoy reitero: ¿cuántas brigadas de rescate, insumos, maquinarias o tecnología para la recuperación de víctimas traería consigo? Pareciera que formular esa interrogante resulta inadmisible, pues desata una ola de ataques e insultos de sus seguidores más fervientes. En realidad, mi interés es comprender la naturaleza de su propuesta, más allá del gesto político. Sobre si puede o no regresar, confieso que ya no sé qué pensar: he visto a muchos opositores volver sin mayores obstáculos, mientras en su caso persiste el anuncio reiterado de fechas que no se concretan, evocando incluso aquella épica de su viaje a Noruega por el Nobel de la Paz. Sus asesores, desde hace tiempo, no aciertan.
* Idea: Conviene recordar que aún serán necesarias muchas cosas para quienes lo han perdido todo a causa de los terremotos. La recolección de insumos debe responder a criterios de organización; por ello, no parece operativo dispersar múltiples centros de acopio cuando instituciones como Cáritas o la Cruz Roja cuentan con experiencia suficiente en este tipo de contingencias. Lo ideal sería canalizar esos esfuerzos hacia centros de organización y distribución que permitan hacer más efectiva la ayuda. Agradezco profundamente a todos los que han aportado y movilizado recursos, pero ha llegado el momento de ordenar mejor esa voluntad colectiva.
* Seguir: La vida, inevitablemente, debe continuar. Atravesamos un duelo natural y colectivo de enorme peso; sin embargo, al menos en Yaracuy, epicentro de este doble sismo, no se registraron afectaciones mayores más allá de lo material. A quienes, desde el fanatismo religioso, intentan explicar fenómenos estrictamente geológicos, les invito a mostrar respeto por quienes han perdido seres queridos. También exhorto a cuidar el contenido que se consume en redes sociales: muchos han aprovechado la tragedia para manipular, difundir noticias falsas y ganar viralidad mediante el uso de inteligencia artificial. No crea todo lo que ve; acuda a fuentes confiables. Dios bendiga a Venezuela.
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