*Electricidad: Finalmente, el país respira aliviado: la iguana se retiró, los papagayos depusieron su sabotaje aéreo y Vin Diesel —al parecer— abandonó su franquicia criolla contra el SEN. Superada esa trilogía de villanos, llegan los anuncios “reales”. Tocoma, esa obra prometida para 2012 cuando no existían sanciones sino presupuestos generosos y manos aún más largas, ahora sí será culminada. Y, como giro inesperado, entra en escena General Electric, una empresa que —detalle menor— sí sabe producir electricidad sin desvalijar sus propias instalaciones. También formará personal, quizás bajo la revolucionaria doctrina de que desarmar plantas para sobrevivir no es exactamente mantenimiento. El subtexto es arrollador: sin rueda de prensa ni mea culpa, se confirma lo evidente. No eran iguanas, ni drones, ni conspiraciones hollywoodenses; era corrupción, ineptitud y propaganda. Pero claro, eso no hacía buen titular en su momento. Anoten la fecha, por si luego dicen que siempre lo dijeron.
*Negociación: La designación de Dinorah Figuera —presidenta de aquella pieza de museo llamada AN de 2015— como interlocutora abre un espectáculo digno de análisis clínico. Porque si algo revela, es que el control del relato ya no está donde se suponía. María Corina Machado pasa de directora de orquesta a espectadora de palco, mientras el manifiesto de Panamá envejece a la velocidad de un tuit mal calculado: mucho ruido, cero consecuencia. El eventual encuentro con Jorge Rodríguez no parece fruto de una estrategia opositora, sino de una amable sugerencia con acento estadounidense. Y aquí viene lo incómodo: hacer política no es recorrer el país en modo performance ni anunciar candidatos imaginarios como si eso sustituyera estructura, negociación y poder real. En Venezuela no se discute política; se simula. Y reducir todo a elecciones es una coartada conveniente para no admitir la orfandad estratégica. Empiezan las conversaciones; el misterio es si alguien sabrá para qué, finalmente.
*Dólar realengo: El dólar supera los Bs. 600 y la reacción es tan predecible como inútil. Cuando la realidad aprieta, la respuesta sigue siendo la misma: controlar, restringir, maquillar. Limitar la compra electrónica de divisas es, una vez más, esconder el termómetro y declarar que la fiebre es un invento. Mientras tanto, la economía hace lo único que puede hacer en ese contexto: deteriorarse con extrema velocidad. Ahora que hay un clima menos tenso con Estados Unidos, la discusión seria debería ser otra: si tiene sentido mantener una moneda que nadie usa con confianza o si, de una vez, se asume una dolarización formal con reglas claras. Pero no, es más cómodo seguir administrando la ilusión y culpar al mensajero. El problema es que la ilusión también cotiza, y siempre a la baja.
*Falso: Julio León confirma que siempre se puede ir un poco más allá… en el arte de inflar lo irrelevante. Tras dejar como gobernador un estado en piloto automático de desidia y como ministro apenas un legado de diapositivas de Power Point y unos sombreros de cogollo sin estrenar, ahora celebra desde el Instituto Nacional de Hipódromos un “récord” del 5 y 6 que, con suficiente entusiasmo, roza el millón de dólares. El detalle incómodo es la existencia de la memoria —y de Google—. Porque en 1976, sin redes sociales ni storytelling, se apostaron 11.574.164 bolívares (≈2,69 millones de dólares al cambio de 4,30 Bs/US$) en La Rinconada. Es decir, su hazaña alcanza un modesto 37 % de aquel registro. Pero nada de eso importa cuando el objetivo no es informar, sino anunciar. Como aquel mundo encantado que no superó el maquillaje, aquellos vuelos “históricos” que nadie recuerda o ese cine que nunca terminó de serlo, el truco es el mismo: repetirlo hasta que alguien lo crea. O al menos hasta que alguien deje de buscar.
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