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- Reforma judicial: Resulta increíble —y bastante paradójico— que el propio Gobierno nacional promueva una línea telefónica para combatir la extorsión presuntamente cometida por funcionarios. Con un Gobierno que no inspira demasiada confianza, el mecanismo luce casi infantil frente a la magnitud y extensión del flagelo. Algo esencialmente inaceptable es que el combate de la extorsión o el chantaje —la “matraca”, como se le conoce— recaiga sobre la víctima cuando, en teoría, quienes lo cometen son miembros del sistema de Estado, lo que deja en evidencia que ese mismo sistema no parece tener previsto mecanismos de autocontrol ni de corrección de estos vicios. La gran mayoría de las sociedades ha adoptado que todo procedimiento vinculado a la legalidad sea grabado y certificado digitalmente, una solución simple, directa, económica y, además, bastante difícil de vulnerar en un proceso. ¿No sería mejor atacar el problema de raíz en lugar de hacer como que se ataca?
- Electricidad: Desconozco si en otros lugares se ha venido avanzando como en Yaracuy, pero toca reconocer lo que corresponde y, como ya hemos comentado, pasar de diecisiete años de desidia y espectáculo a asumir los problemas como se debe es algo digno de mención. Desde hace dos semanas, el tema eléctrico ha mejorado, sin que ello implique que ya no quede nada por hacer, porque claramente falta mucho. Sin embargo, el compromiso asumido por el gobernador Leonardo Intoci parece ir en la dirección correcta, y eso teníamos tiempo sin verlo en nuestro estado. Falta bastante por hacer y ojalá ese mismo nivel de compromiso con el sistema eléctrico se replique en todo lo demás.
- Cronograma electoral: A veces opinamos sobre lo que debería ser, otras veces analizamos lo que vemos, pero la realidad que termina imponiéndose depende de múltiples factores fuera de nuestro alcance. Frente a las declaraciones del secretario de Estado, Marco Rubio, sobre la necesidad de que el proceso de transición desemboque en un proceso electoral, pareciera haber unanimidad. Sin embargo, la premura en este punto no tiene demasiado sentido, así como tampoco esa narrativa que intenta sembrar desesperanza en la población porque el país no se ha “arreglado”, como si ese arreglo dependiera única y exclusivamente de una elección, lo cual no solo es falso, sino también bastante temerario. Apenas llevamos cinco meses de un cambio real en el panorama político y, si no entendemos la profundidad de lo que debe corregirse, volveremos a caer —como ya es costumbre— en el limbo de los politiqueros que venden elecciones como solución universal, algo que la historia ha demostrado que no funciona así. El país exige soluciones complejas y estructurales. Un cronograma electoral, en todo caso, debería ser consecuencia de eso.
- Capital: Si de reconocer se trata, también debe mencionarse el trabajo integral que se viene realizando en alcantarillas y drenajes de San Felipe, ya que no se limita a la limpieza o extracción de residuos, sino que implica la rehabilitación —prácticamente reconstrucción— de todo el sistema de recolección de aguas blancas, un tema que se vuelve clamor en temporada de lluvias y que llevaba tiempo sin ser atendido. Ojalá esa misma efectividad se mantenga en otros aspectos que los sanfelipeños esperan para mejorar la capital.
- Caso Guayurebo: Se habla de una reforma del sistema judicial, y en ese contexto no puede dejar de mencionarse la atrocidad en torno al presunto abusador de Guayurebo. Otro detenido que fallece en circunstancias poco claras bajo custodia del Estado. Pero surgen preguntas inevitables: ¿qué dice el informe forense sobre el supuesto abuso a su hija menor?, ¿puede el Estado demostrar que efectivamente ocurrió un delito? La sociedad tiene derecho a conocer toda la verdad en casos tan sensibles, así como el desarrollo de las investigaciones. ¿Cómo muere el detenido y quiénes son responsables?, ¿quiénes interpusieron la denuncia y ante qué organismo de seguridad? Insisto: el fallecido en calabozos del Estado, ¿era un culpable o un inocente con la peor suerte posible? Eventualmente, se sabrá.




