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viernes, junio 19, 2026
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Enroque al Día…Ajedrez en Macondo

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Después de terminar el torneo en Maracaibo, los maestros regresaron a Macondo para celebrar. Compraron alrededor de 6 o 7 botellas de su ron favorito “Ajedrez” y jugaron hasta embriagarse con él. Se abren las apuestas, un nuevo título estará en juego sobre la mesa. “Jugad, que solo tenéis dos minutos para ganar esta partida o perderla”. El primer jugador suelta una carcajada y observa a su rival.

Comienza el pimponeo; en cada jugada el error está latente, las buenas jugadas, la trampa también; el ajedrez pierde seriedad; la partida terminó en tablas, se sirven par de tragos. Vuelven a jugar alternando colores… “Maestro, corrió con suerte, en la primera partida hubo que dividir el trago”, exclama el segundo jugador que ahora lleva blancas.

Termina la segunda partida, un jugador es derrotado y un nuevo jugador asume su postura frente a las piezas; solo un trago de ron es servido, reinician el reloj a 2 minutos, de nuevo el pimponeo… “Maestros, mi rival perdió, traigan otro trago y otro jugador”.

De nuevo el reloj a 2 minutos, otra partida tablas, el trago es dividido, intercambian colores y vuelven a jugar. Un trago tras otro fue colocado sobre la mesa al final de cada partida, algunas veces de lado blanco, otras de lado negro. Así transcurrió la noche llena de risas, carcajadas, jugadas fantásticas que llevaban a la gloria; a veces las jugadas sencillas también llevaron a la cúspide.

Solo en Macondo es posible ver algo así: 10 hombres embriagándose con el ajedrez hasta el amanecer, dos maestros jugando, los otros ocho a la espera de un derrotado. “Llenen otro vaso que gané yo”, exclama el vencedor; “mi compañero está bastante tomado, lo sé; ha perdido varias partidas seguidas”. En ese momento recordé aquella frase de mi compadre: “Bebe hasta el fondo, el genio duerme en la botella”.

El perdedor tomó el trago de un solo sorbo, miró al nuevo rival que le venía, no pudo continuar sentado, se levantó de la mesa, trastabilló camino al baño, donde fue a llamar a Rauuuuuuuuuuuuuuuuuuuul. El maestro victorioso soltó la carcajada antes de exclamar: “Tenemos un nuevo maestro, el maestro Piao”. Todos reían de contentos por el nuevo maestro de Macondo.

Juegan las blancas y ganan

Leer también: Rafael Zárraga también jugó ajedrez…

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