Tener en manos una agenda país, donde cada punto signifique pasos gigantescos ante la apremiante situación económica, política, social, moral e incluso militar en dirección de alcanzar la paz ciudadana, no es nada fácil; saber a ciencia cierta por dónde iniciar y cómo terminar con éxito. Intuir del lado afuera —con toda razón lógica que se crea tener— en cuanto y tanto la prioridad que debería asumir la comisión parlamentaria nacional es mucho más difícil al raciocinio de quienes en sus manos van a ejercer y decidir la compleja agenda.
Obvio que del lado afuera quizás poco o nada incidiría ser acertado o desacertado. Todo lo contrario de las decisiones a tomar por los responsables de dicha comisión. Sin embargo, la opinión del pueblo jamás nunca debe ser silenciada por esa comisión.
Significativamente, dicha comisión debe tener los ojos bien abiertos y oídos puestos en la opinión pública de radio, televisión, prensa escrita y redes sociales, para conocer los gritos de esperanzas, de la inspiración de enormes deseos de un nuevo orden electoral y de justicia, de la expectación del pueblo de la clase trabajadora en general, cuyo espíritu de esas esperanzas es en búsqueda de mejorar sustancialmente su mundo económico y social.
Sin que esta inspiración llena de esperanzas pretenda enanizar en lo absoluto todos y cada uno de los puntos trascendentales de la agenda en manos. Es que un país con una subcapacidad adquisitiva salarial, ante la cesta básica alimentaria que está por encima de los 700 dólares, más una macrodevaluación del bolívar con una línea de comercialización dolarizada; en mi apreciación, el tiempo no ayuda en nada a la óptica de lo electoral y judicial, más allá de que en lo inmediato pareciera ser la ruta. Insisto, ojalá el tiempo les alcance y les ayude a lograr sus objetivos.
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