spot_img
martes, marzo 10, 2026
InicioOpiniónJosé Prado...El fervor se viste de morado cada Miércoles Santo

José Prado…El fervor se viste de morado cada Miércoles Santo

- Publicidad -

Guama, ubicada en el corazón del municipio Sucre del estado Yaracuy, el tiempo parece detenerse cuando las puertas de la iglesia San José se abren cada Miércoles Santo. No es solo una estatua de madera la que sale al encuentro de su pueblo; es el Nazareno de Guama, una imagen que ha custodiado los suspiros, momentos y esperanzas de cada guameño, sucrense y visitante desde hace muchas décadas.

Una joya tallada en el siglo XVIII aproximadamente, cuya mirada serena parece seguir a cada fiel dentro y fuera de la iglesia, es una de las reliquias más antiguas del estado. Historiadores como el Dr. Ramón Avendaño coinciden en que su llegada marcó el inicio de una identidad religiosa que sobrevive a la modernidad.

Pero más allá de su valor artístico como pieza de la colonia, el Nazareno es para los guameños un vecino más; cuando el pueblo sufre, se consuela en el silencio de la oración. El rastro de una promesa como es caminar por las calles de Guama durante el recorrido marcado anticipadamente por la iglesia, su procesión es testificar un mar de túnicas moradas, acompañadas por el silencio de quienes caminan descalzos.

Las flores, la música sacra y el aroma a incienso se mezclan en una atmósfera que trasciende lo ritual para convertirse en un acto de resistencia cultural. Cada año, la imagen luce una túnica morada finamente bordada y acabada, que muchas veces es donada por fieles que pagan promesas por favores recibidos (salud, prosperidad, protección). 

La procesión es famosa por su solemnidad. El Nazareno sale de la iglesia San José de Guama sobre una base cargada de flores de colores. Su devoción ha sobrevivido a terremotos y cambios sociales y políticos. Durante la procesión, es común ver a las personas, que han realizado sus peticiones, vestidos de morado, caminando descalzos o cargando cruces de madera en miniatura, manteniendo viva una tradición que pasa de bisabuelos a abuelos, padres, hijos y nietos.

Al final del día, cuando el eco de las plegarias y la música sacra se desvanecen y la imagen del Nazareno regresa al resguardo de nuestro templo, en las calles de Guama queda algo más que flores. Para el guameño, esta tradición no es un simple evento del calendario, sino el hilo invisible que une la historia personal con la de sus antepasados. Es la certeza de que, frente a las adversidades de la vida, no caminan solos; en cada túnica morada y en cada vela encendida late una identidad compartida que trasciende lo material.

El Nazareno de Guama es, en esencia, el espejo donde el pueblo encuentra su propia fortaleza, una fe inquebrantable que, año tras año, renace y crece para recordarnos que la esperanza siempre tiene rostro de madera antigua y mirada de consuelo. Profesora Ida Peña, gracias por solicitar escribir sobre este escenario tan hermoso, enhorabuena.  

Leer también: El Buco, epicentro de la recreación yaracuyana

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Últimas entradas

lo más leído

TE PUEDE INTERESAR