«Desorientación, falta de profesionalismo y abuso de poder es la connotación diaria que requiere estructura firme”. La máxima expresión del sometimiento es visible en gran parte de las instituciones públicas en Venezuela.
La persecución, el hostigamiento y la violación de sus derechos humanos son el reflejo de una incapacidad mental definida por un concepto escueto de una o varias personas. Agresiones ejecutadas por los jefes o encargados a nivel superior que abusan del poder otorgado en el puesto de trabajo, olvidándose que es un puesto momentáneo.
En teoría, buscan dañar la salud del trabajador en todas sus áreas: mental, física, emocional, social e incluso espiritual, debido al desgaste producido, para luego alegar que la víctima es el culpable y el agresor es la víctima.
En una era tecnológica, vemos cómo se rige un grupo de personas incapacitadas para asumir principalmente la función o el rol del trabajo que se realiza y debe ejecutar la oficina de talento humano o recursos humanos.
La cual exige rangos de formación y méritos necesarios que capaciten a la persona en todas las áreas o ramas conducente de una institución pública o privada que debe solventar los problemas y no ocasionarlos de manera reiterada. Sin embargo, vemos que este es el principal puesto afectado, el cual se encuentra asignado a personas que no están aptas ni capacitadas en algunas instituciones públicas.
No es solo el dólar, es la incongruencia mental de un mal concepto fundado, tal como lo dicen los ciudadanos de a pie en la boca del dolido, del que está falto de conocimiento: hacer lo bueno es malo y prestarse a hacer lo malo es bueno. Realmente, ¿cuál es el concepto que debe prevalecer: el que se ha establecido desde el principio por medio de teorías sujetas a la realidad y del uso correcto y cotidiano del diccionario, o el que a conveniencia del o los jefes quieren abordar para su propio beneficio y bienestar?
Una reestructura firme es la que se requiere drásticamente para cambiar, reorganizar y modificar un sistema interno que ha colapsado y ha caído al precipicio sin tomar en cuenta que hay vacíos que no tienen suelo adjudicado, por lo que no tienen fin.
Desorientación, falta de profesionalismo y abuso de poder es la connotación diaria que padece un gran grupo de trabajadores de algunos sectores públicos, que al denunciar las irregularidades, los jefes pretenden hacer presión amenazando con suspender sus salarios, abrir procedimientos administrativos para luego salir a llorar diciendo que el malo es el trabajador y que ellos solo siguen órdenes de otras personas.
Porque es el amigo del otro amigo que está en un puesto superior y les aplaude la agresión. Una crisis organizacional total es la realidad de muchos oficiales de talento humano o recursos humanos, que no logran liderar su puesto de trabajo por vacíos vanos. Ruédalo.
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