Para huir de la persecución política en su país, un grupo familiar de tres logra, luego de mentir y sobornar, salir de su país en un vuelo sin destino y sin maletas; por un momento se sienten a salvo de la persecución política que, sin juicio, les amenaza con la cárcel o algo peor; atrás dejan amigos, familia, todos sus bienes, ilusiones y corazones rotos. Termina su escape y comienza el peregrinar por un laberinto que esconde a un minotauro que lleva por nombre burocracia internacional.
Ahora están en un aeropuerto de otro país, sin conocer el idioma y en salas separadas. Los tres tienen el mismo discurso acordado y ensayado: «Solicito asilo internacional porque, debido a mis opiniones y militancia política, recibí amenazas de muerte, claras, constantes y directas; todo en razón de que soy un crítico y comentarista en las redes sociales en temas políticos que incluyen el estado social, económico y faltas de libertades políticas en mi país de nacimiento; acción que realizo sin más contención que la verdad».
El funcionario que les escucha, en cada caso, saca una carpeta y con la frialdad de quien repite cien veces en un día la misma tarea comienza a recitar: Demuestre que cumple con la condición de persona refugiada, según la definición establecida en la Convención de Ginebra de 1951 y su protocolo de 1967, es decir, que su seguridad y vida están en riesgo vinculado a alguno de los siguientes motivos: raza, religión, nacionalidad, opinión política o pertenencia a un grupo social determinado.
Sin esperar mayor explicación, pasa a explicar brevemente que el solicitante de asilo debe demostrar la existencia de una amenaza real, actual o inminente para la vida, la integridad física o la libertad, y no meras sospechas o riesgos generales. También les pide que demuestren que no es posible acogerse a la protección de su propio Estado, o que no existe otra alternativa segura dentro del país de origen.
Ahora les pide que demuestren que no han cometido delitos graves, actos contrarios a los fines de las Naciones Unidas o crímenes de guerra o contra la humanidad.Cuando parece que la entrevista está por terminar, el funcionario exige, no pide, exige los documentos que acrediten identidad, nacionalidad y situación familiar, incluyendo pasaportes, partidas de nacimiento, certificado de matrimonio.
Ya para finalizar, les entrega papel y lápiz mientras les pide por escrito una explicación clara de su trayectoria de vida y vínculos en su país natal, el relato cronológico y detallado de los hechos que obligaron a abandonar el país: amenazas, agresiones, persecuciones, violencia generalizada, violaciones de derechos humanos; así como una explicación detallada de la relación directa entre lo sucedido y los motivos legales del asilo, sin omitir detalles relevantes que respalden la veracidad de lo expuesto y que junto con el escrito aporten las pruebas que confirmen lo declarado, incluyendo órdenes de captura, sentencias, informes de ONG, fotografías, videos, mensajes, comunicados de prensa, informes médicos o psicológicos que acrediten daños sufridos y las declaraciones de testigos.
Mientras el grupo familiar de tres; ahora decidido a sobrevivir entre la montaña y la clandestinidad; es conducido por un pasillo rumbo a la deportación, en el mismo aeropuerto ocurre la bienvenida a un científico famoso, un político controvertido y una atleta de alto rendimiento que acaban de recibir el asilo político o humanitario en una demostración de poder y defensa de los derechos humanos de los mas desfavorecidos. Amen.
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