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viernes, julio 31, 2026
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Tras las huellas de mis pasos…Rectificación de pecados

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El Salmo 16 es considerado un amuleto espiritual de protección profunda. En él está contenida, de manera plena, la presencia divina que disipa el miedo. Así lo observamos en el versículo 8: “A HaShem he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido”. Esa conexión con la divinidad hace grande al hombre. No en vano lo revela el Rabí Najman de Breslev al señalar que es el primer pilar sobre el cual se devela la corrección general.

Para Breslev, cada pecado tiene una rectificación prescrita. Para reparar el daño espiritual causado por una falta concreta, debemos aplicar el remedio específico adecuado para ella. Sin embargo, existe una rectificación general para todos los pecados: recitar los 10 salmos (16, 32, 41, 42, 59, 77, 90, 105, 137 y 150). Con ello corregimos, de manera específica, la emisión en vano de simiente (materia a considerar en otro punto).

El salmo, además de ayudarnos a rectificar, nos protege contra espíritus perturbados, ayuda a encontrar un objeto que ha desaparecido, facilita las cuestiones relacionadas con herencias, posibilita el desarrollo de la intuición y permite recibir ayuda espiritual durante el sueño si es invocada.

Aleja el miedo a la muerte y se utiliza espiritualmente para buscar resguardo frente a energías negativas, influencias nocivas o la desesperanza. Abre un canal para rectificar el camino de la vida y reconectar el alma con la alegría pura. Nos da confianza absoluta al reconocer al Creador como la única herencia verdadera y segura. Nos permite descansar de manera tranquila al saber que el destino es guiado desde lo alto.

El salmo forma parte regular de las liturgias judía, católica, anglicana, ortodoxa y protestante. Para la Biblia hebrea es el 16, mientras que para la Biblia Septuaginta griega y la Vulgata latina es el 15. Se atribuye al rey David y su encabezado reza Mictan de David, al igual que los salmos 56 y 60.

El término Mictan, según Sarah Hoyt, es “oscuro”, y para Paul Haupt puede referirse a la “medida poética”. Quien haya sufrido un robo, recite el salmo y la oración 10 veces teniendo en mente el nombre Jai, que quiere decir “vida” o “viviente”: “Sea tu voluntad, El Jai (“Dios Viviente”), que aparezca el nombre del ladrón que me robó (mencionar aquí lo que fue robado).

HaShem, permite que el nombre del ladrón, si es que está entre estos nombres, se presente ante mis ojos y que todos los míos y los que están presentes lo sepan. Que tu nombre sea glorificado; concédeme esto por la gracia de tu santo nombre. Amén. Sela”.

Quien quiera que rece este salmo diariamente con toda reverencia y se entregue como un niño en el amor y la bondad eterna de Dios, director de todas las circunstancias, obtendrá que sus penas se conviertan en alegría. Amén.

Leer también: ¿Dónde están los fieles y justos?

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