Finalizamos 2025 con gran incertidumbre; todos preguntamos el último día del año: «¿Qué irá a pasar con nuestro país?». Así llegó el 1 de enero. El país continuaba en ruinas, indefenso.
Nuestros ciudadanos, en un número preocupante, no tenían comida, no tenían libertades, apenas cierta esperanza de que los que ejercían el poder abrieran un compás democrático y cesara la represión, la persecución despiadada y que se bajara el tono de los programas ofensivos y los gobernantes dedicaran su tiempo a gobernar un país descuidado, en ruinas, con servicios públicos por el suelo y endeudado.
Un país en el que sus ciudadanos eran víctimas de tratos crueles por el solo delito de no comulgar con el poderoso de turno. Así llega un 1 de enero, es año nuevo, su número 2026. Se cree que pueden venir anuncios de parte del Ejecutivo que suban la autoestima de un pueblo esperanzado que ha sido engañado.
De pronto, el día 3 nos despiertan con que hemos sido invadidos y al señor que funge como jefe de Estado se lo llevaron a una potencia extranjera preso. La imaginación colectiva comenzó a viajar en el mundo de los sueños; se habló de libertades, del fin de las persecuciones, de liberación de los presos políticos y también se habló del inicio de una época de bienestar en la cual los inmensos ingresos petroleros serían destinados a los habitantes de Venezuela y no a sufragar el bienestar de la cúpula gobernante.
Ya estamos en septiembre de 2026, ha transcurrido más de un semestre y nosotros, ciudadanos, no divisamos señales de que algo positivo va a ocurrir en beneficio de los habitantes de la tierra de Bolívar.
No se puede seguir con el teatro mal montado de las conversaciones para lograr una transición. Es urgente que se designe un nuevo CNE, es urgente que se limpie el Registro Electoral Permanente, es urgente que se convoque a elecciones y asuma el poder quien resulte electo en las mismas y cese la actividad ilegal que ejercen los poderes que tienen en sus manos el Estado venezolano sin derecho alguno.
Es urgente la elección de un nuevo congreso, es urgente la elección de nuevos gobernadores, alcaldes y concejos municipales. Es urgente, entiéndase bien: ¡Es urgente la aprobación de una ley de amnistía! que haga cesar los residuos de las actuaciones bárbaras que se originaron hace más de 20 años y que, además de atentar contra elementales derechos humanos de la ciudadanía, nos convierten en la vergüenza del mundo civilizado.
El país no soporta más teatro; no podemos seguir aceptando el abrazo hipócrita entre el gobierno y la fracción de la oposición que dialoga con él. No se puede seguir demorando la reanudación de las libertades ciudadanas en Venezuela.
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