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viernes, julio 31, 2026
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Luis Fuenmayor…Los “por ahora”

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Algunos eruditos del chavismo gobernante, en su deseo de tratar de convencer a sus copartidarios y seguidores, quienes están disconformes con la nueva relación existente entre EE UU y Venezuela, a través de Trump y Delcy Rodríguez, han tratado, mediante comparaciones a veces absurdas, de demostrar que el Gobierno está procediendo correctamente, al no enfrentar al agresor gringo, sino dar un paso atrás o hacer un alto en la marcha del proceso “revolucionario”. 

En esto pudieran tener razón, pero no es a ello a lo que centralmente me referiré. Han dicho que el “por ahora” de Chávez, el 4 de febrero de 1992, fue un alto en el camino de la toma del poder, necesario en ese momento, pues no podían vencer al enemigo militar que los enfrentaba. Que esa decisión del “comandante eterno” fue similar a la decisión del Libertador en 1825, cuando decidió negociar diplomáticamente con la Santa Alianza europea, que intentaba restaurar el poder colonial en América y constituía una amenaza para Colombia.

La comparación puede ser válida en el sentido de evitar una pugna violenta, la guerra, cuando es imposible derrotar por esa vía al enemigo, pues las diferencias son muy grandes a favor de este, pero en otros aspectos la comparación está muy lejos de ser legítima. Nunca serán comparables Bolívar y Chávez, aunque el fanatismo de algunos haya llegado a pensarlo. Bolívar defendía, desde la posición de triunfador, 15 años de combates, que habían logrado la libertad de buena parte del continente americano. Lo que se discutía era el destino de las nuevas naciones recién nacidas. Chávez, en cambio, defendía una aventura desde la derrota, luego de unos primeros combates, pequeños y cortos.

Su derrota, en ese momento, no significaba nada lesivo para el país, sino solo para los directamente involucrados, quienes perderían su carrera militar e irían presos, aunque todos sabíamos que por muy poco tiempo y en condiciones especiales, mucho mejores que las de otros presos del momento. Y no toco el problema de las justificaciones de los golpistas, pues no es ese el análisis que quiero hacer.

Tampoco son comparables el “por ahora” de Chávez con el “por ahora”, no expresado en esa forma, de la cúpula gobernante actual, ante la derrota sufrida frente al ejército más poderoso del mundo, aunque, sin duda, tienen entre sí más identidades que las de la comparación que inicialmente analizamos.

El de Chávez fue la rendición de un militar revoltoso frente a su mismo ejército, fuerza de la cual provenía y a la que pertenecía: el Ejército nacional, que defendía el modelo político constitucional del momento, contra un grupo insurgente, cuyo jefe demostró no ser muy diestro militarmente hablando, aunque sí, posteriormente, mucho como dirigente político.

 De nuevo, su derrota no comprometía en nada a la nación venezolana. El “por ahora” del Gobierno actual, en cambio, sí es una decisión trascendental, pues compromete, como en efecto lo ha hecho, a toda la nación venezolana, su vida, su historia, su desarrollo, sus recursos, su soberanía y su independencia, y no solo a los directamente involucrados.

Producto de una rendición no formalizada, pues no existe documento ninguno que lo haga, la situación venezolana ha derivado en una dependencia informal de EE UU, que crea un ambiente muy extraño, en el que no se sabe ni se puede predecir hacia dónde se dirige el proceso, ni la duración del mismo, ni los límites del vencedor y las posibilidades del vencido.

Parece como si se hubiera instaurado por primera vez formalmente aquella política del “como vaya viniendo, vamos viendo”. Pareciera que el gobierno gringo decide las cosas a su libre albedrío y el nuestro simplemente las acepta y las acata, sin chistar. Desde el 3 de enero, hay una caja negra donde se guarda todo lo sucedido y las causas de lo que sucede.

Es imposible saber qué tienen en su cabeza los miembros de la cúpula gobernante actual, aparte de tratar de conservar el poder, pero sí es muy fácil conocer las intenciones de los opresores, pues no hay sino que observar sus acciones. 

Quienes inicialmente respaldamos y entendimos tanto la designación de Delcy Rodríguez como presidente encargada, como la conducta de rendición asumida, ante la desproporcionada fuerza desplegada por los invasores y en previsión de no generar más daños materiales y humanos a la nación, estamos en una situación muy incómoda con nosotros mismos, al tener que mantener esas posiciones como un “acto de fe”.

Trump nos trata como una colonia, y no solo declarativamente, y no vemos una hoja de ruta de rescate de la soberanía perdida. Lucha, que entendemos no se puede dar con posiciones y consignas generales estridentes, parecidas a las que en el pasado retaron irresponsablemente al imperio.

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