Dios mío, el alma que tú nos has dado viene de ti y es pura; tú la formaste, tú la insuflaste en nosotros y tú nos la quitarás algún día. Esta oración que rezamos todos los días en agradecimiento a nuestro Creador nos fortalece para aceptar los designios fuertes al perder a un ser querido, familiar o amigo, y más aún cuando le hemos visto nacer, crecer, formarse y acrecentarse en sus aspiraciones de vida.
Hemos perdido a Liris y ha sido sorpresivo su tránsito. Nos ha dolido cruelmente, porque físicamente ya no la tendremos con nosotros. El impacto de la noticia no nos deja recuperar nuestros sentidos. Es que, en mi familia, desde el matrimonio de Juan y Chabela, ya la amábamos. Ella, junto a Rossy, le dieron brillo a la casa, le dieron brillo a mis hijos al convertirse en sus hermanas menores, le dieron animosidad de vida a Dominga; ellas se convirtieron en la continuidad de la filiatura Quintero, Landínez, Garrido. Fueron una más de la casa, una más de la familia.
Lirisbeth creció como una aventajada estudiante: promoción 47 del Colegio Santa María; formó parte de varios grupos de danzas que hacen vida cultural en nuestro pueblo Chivacoa; se hizo profesional de la odontología (al igual que su mamá). En su profesión progresó rápidamente; la vida le premió con ese crecimiento desbordante, en el que todo le descendió del cielo abruptamente, a su manera: viajó, disfrutó como la que más.
Pero en este transitar hay un sueño no logrado; estaba en compromiso de matrimonio para los próximos meses. ¡Dios! Ay, Dios, ¡tus planes! Permítenos, Señor, refugiarnos en ti para comprender tus propósitos.
Ante tantas experiencias vividas, hemos comprendido que la muerte no es el final, es una transición del alma a otro nivel de existencia. No desaparecemos, cambiamos de forma. Estas angustias del dolor sirven para mantener esa conexión espiritual con el alma que se nos escapa.
Vamos a llorar, por varios días, vamos a enjugar nuestras lágrimas con los recuerdos, con las enseñanzas que nos dejó Liris, vamos a celebrar que Dios, que nos da la vida, nos quiere para un propósito más allá de la misma vida; de allí que, como Cristo nos enseñó, venceremos la muerte, por eso aceptemos los procesos de transición como una transformación.
Juan, Chabela, Rossy, Gladys, Carmen y… todos nosotros que formamos parte de su círculo familiar lloramos, nos preguntamos tantas cosas que en lo inescrutable no hay respuestas. Solo Dios da la vida, solo a él pertenecemos; el Trono de David es nuestro. Por las calles de Jerusalén transita su alma. La Nena y yo, sus padrinos; Milagro, Milarjés, Sonmerlis, Sonmer y Noel, sus hermanos y, Dominga desde la gloria, cantaremos nuestras oraciones por su paz perpetua. Descansa, Lirisbeth. Aleluya, aleluya.
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