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martes, junio 16, 2026
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Tras las huellas de mis pasos…¿Dónde están los fieles y justos?

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El mundo en el que vivimos está corrupto. No mejoramos en nuestro acercamiento a Dios. Muy pocos son los que han comprendido que estamos en la era de la transición y los esfuerzos son inmensos para tratar de luchar porque el Creador nos rescate de la oscuridad. Sacerdotes, rabinos, maestros, sabios y profetas, entre otros, exhalan llamados al Eterno para que su misericordia descienda y seamos definitivamente purificados.

El Rey David escribió el salmo 12 para exclamar piedad ante tanta falsedad, ante tanta decadencia moral; pero siempre ha habido un lenguaje engañoso y la humanidad ha sido hipócrita con la fidelidad y la pureza de la palabra divina.

“Salva, oh HaShem, porque se acabaron los misericordiosos; porque se han acabado los fieles de entre los hijos de los hombres. Mentiras habla cada uno con su prójimo; con labios lisonjeros; con corazón doble hablan” (Sal. 12:2-3).

El salmo comienza lamentando que son muy pocas las personas justas y fieles. Y esto es una secuencia generacional, siglo tras siglo. Siempre han existido los entornos donde imperan la adulación y el engaño.

Hablamos con hipocresía; se dicen cosas y se planean otras. Los malvados siempre han usado sus lenguas como armas de poder y manipulación; esto destruye a las sociedades. David clama a Dios por la salvación: “Tale HaShem todos los labios lisonjeros; la lengua que habla grandezas, que dijeron: Por nuestra lengua prevaleceremos; nuestros labios están con nosotros, ¿quién nos es señor? Por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, ahora me levantaré, dice HaShem. Yo pondré en salvo al que el impío enlaza” (Sl.12:4-6).

Donde nos desenvolvemos, no encontramos misericordiosos, no encontramos a aquellas personas que estén arraigadas y se comporten de acuerdo con la bondad y el amor constante de Dios. Pareciera que ya no existen. Los testimonios con los que conversamos son vacíos, sin sentido, sin significado verdadero, sin futuro. Nos estamos quedando sin nada. De seguir así nos espera la “nada”. El “Stn” habrá hecho el trabajo. El enemigo ha querido que creamos en las cosas que agradan a nuestra carne.

El Rey David nos aconseja tener mucho cuidado con lo que decimos con nuestra lengua. Declaramos, decretamos, liberamos esto y aquello sobre las personas para hacernos sentir bien, lo cual no es correcto. Por nuestra lengua prevaleceremos: necesitamos proclamar las Escrituras, no usarlas para manipular nuestras situaciones o las de los demás.

Tenemos que tener mucho cuidado con nuestro lenguaje. Dios nos ayudará frente a la decadencia moral, la mentira generalizada y la opresión de los vulnerables. Nos toca refugiarnos en la absoluta fidelidad de su palabra.

Con la pureza, el Creador libera poder y bendiciones. El hace de los puros recipientes de su provisión y cuando hagamos su voluntad, los resultados serán bendiciones. Amén. 

Leer también: Alabar a Dios

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