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viernes, febrero 27, 2026
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Ismael Montoya…Madre de la misericordia

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Muy queridos amigos yaracuyanos, en aquel tiempo, una muchedumbre siguió a Jesús desde lejos y desde varios pueblos, buscaban seguir la doctrina de Jesús, pero a su paso no hubo, ni encontraron nada para comer y ya atardecía. Entonces, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: ¡Siento una muy profunda compasión por esta gente, que lleva tres días junto a mí y no tiene nada para comer, pero si los despido en ayunas a sus casas, pueden desfallecer en el camino, porque algunos han venido desde muy lejos! Una vez más la compasión misericordiosa lleva a Jesús a realizar un extraordinario milagro en «La multiplicación de los panes y peces».

Ahora bien, nosotros frecuentemente debemos recurrir a la misericordia divina, porque en la compasión por nosotros está nuestra salvación y seguridad; también debemos aprender a ser «misericordiosos» con los demás, porque este es el camino para atraer el favor de Dios.

Nuestra Santa Madre María nos ayuda continuamente a conseguir la compasión de su Hijo, y nos enseña la forma de comportarnos frente a las necesidades de los hombres cada vez que le decimos ¡Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia…..! Y le hemos dicho tantas veces que algunos cristianos vamos un día a la semana, quizás los sábados, a rezar y cantar esa antigua oración. Y Santa María conoce más a fondo este misterio de la Divina Misericordia y conoce su precio alto. Y la llamamos Madre de la Misericordia, Virgen de la Misericordia o Madre de la divina misericordia.

En cada uno de estos títulos se encierra un muy profundo significado teológico, porque expresan una gran preparación particular de su alma, de toda su personalidad, y saber ver en la historia de Israel y de la humanidad de la que nos hacemos partícipes, ¡por todas las generaciones!, Lc, 50, de acuerdo a la Santísima Trinidad.

San Agustín nos enseña: ¡La misericordia nace del corazón, que se apiada de la miseria ajena corporal o espiritual! De modo que le duele o entristece como propia y, proponiendo los remedios para intentar sanarla, toma los defectos ajenos como propios e intenta librarlos de ellos. La Sagrada Escritura dice: ¡Que Dios es rico en misericordia y es glorioso creando un bien del mal, que creando uno nuevo de la nada!

En Jesucristo, Dios hecho hombre, encontramos su misericordia, entregándose a la cruz como acto supremo de amor misericordioso; ahora la ejerce desde el cielo, también desde el Sagrario, donde nos espera para oír nuestras propias y ajenas necesidades y, sin duda, ninguna. Acerquémonos al trono de gracias para alcanzar su misericordia y gracia a tiempo. Grandes frutos de santidad se logran con esta invitación.

Ahora bien, nuestra Madre María une la misericordia a su piedad de Madre y nos lleva al trono de la gracia. El título de Madre de la Misericordia lo ganó con su «fiat” en Nazaret y su presencia en el calvario, y es uno de los más bellos nombres de María, que se preocupa de los apóstoles de su Hijo hasta que son guiados a la patria bienaventurada. Y se le nombra como abogada, auxiliadora, socorro y medianera, porque no ha dejado un solo día de interceder por nuestras necesidades.

Entonces, el título de Madre de Misericordia se expresa a través de salud de los enfermos, refugio de los pecadores, consuelo de los afligidos, auxilio de los cristianos, son letanías muy bellas. Pero Santa María ejerce su misericordia sobre aquellos que sufren en el cuerpo para curar el alma y los hace fuertes en el cuerpo y en el alma; por lo tanto, Dios usa el dolor físico como instrumento para purificar el alma.

La Santísima Virgen remedia también las heridas que el pecado original dejó en el alma agravando los pecados, por ejemplo, debilidad para realizar el bien y fortalecer a los que vacilan; levanta a los caídos en el error, enviando gracias de luz y de arrepentimiento hasta lograr la conversión. ¿Quién podrá lograr saber la profundidad de tu misericordia, ah Virgen bendita? Su latitud completa el orbe para que toda la Tierra se llene de tu misericordia. Entonces le diremos: ¡Que somos pecadores y que queremos amar más a su hijo Jesucristo y que se compadezca de nuestras flaquezas y que nos ayude a superarlas!

Ahora bien, la Santísima Virgen María fue consuelo de todos aquellos que andaban con un peso demasiado grande para ellos. Dio ánimo a José cuando no encontraba habitación en Belén para María a punto de dar a luz a Jesús. Solo hubo un establo en las afueras de Belén para ellos. Mientras tanto, ella solo sonreía. Después ella ayudó a José en la huida a Egipto.

Las vecinas de Nazaret encontraron siempre apoyo en las palabras de la virgen. Los apóstoles se sintieron confortados una vez que Jesús expiró en la cruz; los apóstoles se encontraron en la casa de María después de la sepultura de Jesús.

En suma, la Santísima Virgen María es auxilio de los cristianos, porque se ama y nadie amó más a quienes formamos parte de la familia de su Hijo ,y ella nos dice: ¡En mí se encuentra toda gracia de doctrina y de verdad, toda esperanza de vida y de virtud! Eclo 24, 25.

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