A sus zapatos: La trama de corrupción que rodea a Rodríguez Zapatero —ex presidente de España y diligente mediador del Gobierno venezolano— ya no parece lejana, sino una maraña que se enreda dentro de nuestras propias fronteras. Según versiones, el esquema iría desde pagos por intercambio petrolero vía empresas off shore hasta la explotación de una mina de oro con cancelaciones en el propio metal. Incluso se menciona una transferencia vía Panamá para la empresa de sus hijas, vinculada a la tristemente célebre VenApp. Llama la atención, por decirlo suavemente, la ausencia de parlamentarios dispuestos a ejercer su función, porque hasta ahora el tema pareciera irrelevante en el país que, paradójicamente, sería su epicentro. Silencios que también dicen mucho. Habrá que esperar, entonces, a que la justicia española nos explique qué se hizo con recursos que, en teoría, eran nuestros, todo para sostener la imagen de un personaje que hoy ocupa una celda en una prisión federal de Estados Unidos.
- El canal de Panamá: No han sido pocos los comentarios —muchos críticos— sobre el encuentro “opositor” en Ciudad de Panamá. Siempre he desconfiado de políticos que apelan a la pureza o a cualquier forma de superioridad moral, y mantengo serias dudas sobre el rumbo que propone María Corina Machado. Sería un contrasentido caer en un “neomadurismo” donde la disidencia, ahora en la oposición, también sea penalizada. Ya hemos padecido veintisiete años de ese fervor excluyente como para replicarlo en nombre del cambio. Si MCM se presentaba como ruptura con la política tradicional, cuesta entender la reivindicación de figuras como Antonio Ledezma, Leopoldo López o —más llamativo— Rodrigo Cabezas, ex ministro chavista hasta 2017. La reconciliación no debería confundirse con indistinción: una cosa es no excluir, otra compartir la mesa estratégica. Señal de alerta, aún corregible, si de verdad se pretende construir algo distinto.
- Lo primero: Todo apunta a que, de activarse un cronograma electoral con garantías reales —cambio de rectores y observación internacional—, vendrían elecciones regionales y municipales en el primer trimestre del próximo año. Pero conviene no engañarse: esa decisión también responde a factores externos, con los intereses de Estados Unidos ocupando, nos guste o no, un lugar central. Quizás por eso, aunque nadie lo admita, abundan giras y movimientos de dirigentes regionales, lo cual es saludable. La gente, sin embargo, parece mirar más allá de los nombres conocidos y demanda rostros distintos, menos desgastados, capaces de aliviar la desconfianza acumulada. Existen figuras con arraigo en sectores productivos que podrían alterar ese panorama y reconectar con una ciudadanía escéptica. ¿Nombres? A su debido tiempo.
- Maxi devaluación: Resulta inquietante comprobar que, sin importar cuándo se revise, el tema del dólar siempre desemboca en un horizonte sombrío. Los economistas repiten qué hacer, pero la voluntad política para ejecutarlo sigue ausente. Al ritmo actual, solo en este mes podríamos registrar una devaluación cercana al 20% respecto al indicador anterior. Traducido: quien cobra en bolívares habrá perdido una quinta parte de su poder adquisitivo en semanas. Una tragedia silenciosa, pero constante. La solución no es simple; arrastramos años de improductividad, gasto público desbordado y privilegios sin sustento. Pero tampoco es un misterio: el socialismo, una vez más, hace honor a su historial y a sus resultados previsibles.
- Sobre Convergencia: Leí críticas —francamente injustas— sobre la presencia de Vicente Pilieri, hijo de Biagio, en la cumbre de Panamá. Vicente no es un recién llegado ni un simple observador: es un trabajador incesante de la causa tricolor y un activo político que ha enfrentado persecución y amenazas. Desconocer su papel no solo es impreciso, sino también mezquino, y revela más sobre quien critica que sobre el propio aludido.




