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lunes, mayo 25, 2026
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Las dictaduras fenecen y las llamas del infierno, no

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Las dictaduras, vengan de donde vengan, tengan el color que sea, nunca dejarán de ser malas e inhumanas.

Las dictaduras son la negación de la civilización.

Las dictaduras constituyen una permanente ofensa a la inteligencia, al bienestar, a la concordia, a la convivencia civilizada, a la paz, a la confraternidad, a la caridad cristiana, a la compasión. Son cultivadoras del egoísmo.

Los dictadores son personas acomplejadas y enfermas. En ellos reina la maldad, el causar daños, el ofender, el humillar, el mutilar el desarrollo de los pueblos con el fin de mantenerse en el poder.
Recuerdo al presidente chileno Patricio Alwyn, quien después de la salida del poder del general Augusto Pinochet, tratando de lograr la confraternidad en el pueblo chileno, declaró, como una queja o una sugerencia, refiriéndose al saliente dictador, que por lo menos ha podido asomar una disculpa por los daños y dolores causados al pueblo chileno. No dudo de la buena fe contenida en la declaración del presidente Elwyn. Pero olvidó algo el noble mandatario:

Los dictadores no sienten, no piden disculpas. Se creen eternos, el poder los arropa y aísla de la realidad. Se creen indispensables y dueños de la verdad. Pero el tiempo, es un gran Juez y los lleva a terminar, arrimados en el rincón del olvido y el desprecio humano.

Los dictadores no conocen la corrección, ni la introspección, violan derechos, pisan las leyes, matan, humillan, ofenden. Disponen de los recursos del país que toman como si fueran propios, mientras el pueblo sometido sufre carencias. Olvidan aquella lapidaria frase que un esclavo le decía al oído del emperador romano en el momento de su coronación: “¡Recuerda que eres mortal.

Cuando los dictadores abren los ojos, comprenden que no son eternos pero ya es tarde. La singular dictadura venezolana no ha abierto los ojos, no ha asimilado que son seres temporales. No han captado que están de salida. Se hacen los locos con las maldades practicadas en la humanidad de nuestros ciudadanos y que cada día salen a granel a la luz pública.

No captan que su fin está muy cerca y le vendrá la mano de la justicia que exigirá cuentas y sancionará crímenes directos cometidos por ellos, como el caso de Víctor Hugo Quero y la consecuencia criminal de la maldad, expresada en la madre de este, la señora Carmen Navas, de 83 años que murió de tristeza al no soportar la burla propia del medioveo a que fué sometida y la brutal tortura y asesinato de su hijo.

Los dictadores se olvidan de ciertas máximas como la frase pronunciada por un santo hombre qué dijo: ¡Pero Ay de vosotros que ahora reís, porque gemiréis y lloraréis!

Nada es eterno y en la copia que el régimen venezolano, quiere hacer del Reich alemán que pretendía durar mil años y que resultó ser mala que ya les llegó la hora, los resultados no se hacen esperar y como dijo alguien: “Los muertos que quisieron enterrar: ¡Gozan de buena salud!.

Venezuela se prepara para emprender una nueva vida y como pueblo virtuoso, enseñará que la maldad, ¡Nunca vence, ni es permanente!

Hay un sol de libertad y justicia en el horizonte con un brillo que no cesa y viene avanzando, mientras que en el temido infierno, no se apagan las terribles llamas que los esperan.

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