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viernes, abril 17, 2026
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William López…Adiós a un singular amigo de infancia

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En una oportunidad, un buen amigo me llamó por teléfono para comunicarme el fallecimiento de un amigo en común. Aquella breve conversación comenzó con un saludo afectuoso y con un comentario que decía: “Hermano, hoy la aldea está triste, acaba de pasar a la casa del padre nuestro gran amigo…”.

Hace pocos momentos recordé esa llamada; me acabo de enterar del fallecimiento en Guama de Otilio Carrillo. Otilio es mi amigo de infancia, amigo de aquellos años en que jugábamos en la plaza, en las calles, en aquel rústico campo de beisbol ubicado en la Calle Occidente, para después de esos juegos vivir el inolvidable placer de bañarnos en el río. Si, en las cristalinas aguas de nuestro río Guama, con sus piedras y arenas grises, recibiendo las caricias de aquel sol y los vientos alisios que el gran Andrés Eloy, al describirlos en su Canto a España, con su maestría poética decía:

“Frente al sol, las pupilas,
contra el viento la frente
y, en la arena sin manchas,
sepultado el talón… “.

Otilio fue el amigo que no cambió, tenía una educación natural, era un hombre honesto, buen ciudadano. La comunicación con sus semejantes la realizaba en lenguaje sencillo, limpio, respetuoso. No recuerdo haber oído salir de sus labios eso que llaman “malas palabras”. Su trato fue siempre respetuoso, considerado, de altura. Lo recuerdo como un gran deportista en aquellas prácticas espontáneas de los deportes. Otilio se destacaba. Era el mejor y, a pesar de ello, nunca perdió esa humildad bonita que lo caracterizaba.

Fue mi amigo de toda la vida. Era un amante de la música romántica. En las épocas navideñas era característico ver a Otilio con un pequeño equipo de sonido en sus laboriosas manos de donde brotaban canciones bonitas y tiernas, e ingresaba con su alegría contagiosa, con su música a las casas de familia, obsequiando a su manera una hermosa e ingenua serenata.

Hoy que te vas, mi dulce amigo, quiero que sepas que mantendré tu dulce recuerdo y no me queda más que expresar con esta nostalgia aquella sentida frase: “Te llevo en mis intenciones y en el silencio de mis oraciones”.

Tu fallecimiento trae a mi memoria un fragmento del soneto escrito por Andrés Eloy a la muerte de un buen amigo que expresa:

“Se acaba el pan del alma, compañero,
el pan mejor del mundo, peregrino.
Me dicen los amigos del molino
que acaba de morir el molinero…”.

Descansa en paz, y sé que ese buen Dios que te llevó consigo, te tiene a su lado y te debe estar presentando en el reino celestial a otras almas buenas.

Leer también: Los otros niños

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