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lunes, septiembre 7, 2026
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Tras las huellas de mis pasos…La gloria de Dios

En algún momento, cuando el hombre ha alzado su mirada al cielo, ese espacio en el que se mueven los astros y que parece rodear la tierra; esa esfera celeste donde se mueven las nubes, el sol, la luna, las estrellas y los planetas, cuya contemplación inspira grandeza, le tiene que llevar a internalizar, para luego manifestar la gloria de Dios declarada, la obra de sus manos. Por eso, los cielos proclaman, cantan, cuentan la grandeza del Creador. Este es el asombro del rey David en su Salmo 19.

Así de día como de noche, la belleza de los amaneceres y de los atardeceres; ese cielo nocturno: el brillo de la luna, el cielo estrellado y esa dispersión de galaxias distantes “Los cielos proclaman la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra, al otro día, y una noche a la otra declara sabiduría. No hay idioma ni lenguaje donde no sea oída su voz. Mas por toda la tierra salió su voz, y hasta los confines del mundo sus palabras.

En ellos puso tabernáculo para el sol. Y él, como un novio que sale de su tálamo, se alegra, como un gigante, para correr el camino” (Sl 19:2-6). David, ante tanto asombro, así como cualquier mortal, no expresa otra cosa que: “El Dios que creó todo esto es glorioso, y esto es evidencia de su gloria”.

Hay alivio en el Salmo 19: Los objetivos se alcanzan. Es bálsamo de victoria en todos los niveles; elimina situaciones difíciles en las parejas; el que reza esta oración deja las soluciones en manos de HaShem; facilita la eliminación del sentimiento de orgullo, que es nocivo. Induce a la meditación. Este salmo debe aplicarse ante una lucha. Para una parturienta entre la vida y la muerte. Para que un niño tenga buen corazón, sea generoso y se convierta en buen estudiante. Para adquirir sabiduría.

El Creador se nos manifiesta en dos formas principales: por medio de la creación y por la perfección de su palabra. En su creación, el cielo y el sol muestran el poder y la belleza de Dios sin usar palabras; todo el universo habla de la obra de Dios todos los días.

Por su palabra, las leyes y los mandamientos de Dios son perfectos y dan sabiduría a las personas sencillas; la guía de Dios alegra el corazón y da luz a los ojos para vivir mejor. Las normas divinas son más valiosas que el oro y más dulces que la miel. 

De lo anterior nos hablan los versos del 7 al 9: “La Ley de HaShem es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de HaShem es fiel, que hace sabio al pequeño. Los preceptos de HaShem son rectos, que alegran el corazón”.

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