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miércoles, agosto 5, 2026
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José Prado..El matadero de Guama, corazón comercial de la época.

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Mucho antes de que el sol despuntara por Guama, y cuando la mayoría de los habitantes del pueblo todavía descansaban, en el matadero municipal ya había actividad. Entre el humo del primer café del día, el sonido de los animales que habían llegado del campo en arreo y los trabajadores que se alistaban para la faena, se encendía el motor de un lugar que formó parte de la vida misma de nuestro pueblo.

El matadero de Guama no fue simplemente una estructura con paredes de concreto y ganchos de hierro; se convirtió en el corazón donde latía el esfuerzo de su gente. De allí salía la carne que terminaba en la mesa de las familias, pero también el plato de comida que llevaban a su hogar decenas de trabajadores, bodegueros y carniceros del pueblo. Personajes como Pantaleón Parra, Francisco Barrios, Luis “El Juda”, José Goitia, Francisco Castillo, Severiano Víez así como su eterno celador Ramón Camacho, se convirtieron en protagonistas de la época dorada del comercio cárnico en nuestro terruño.

Detrás de la carne de res y cochino que se preparaban en el matadero, había un camino que recorrer con el sudor de sus trabajadores. Desde las mujeres que lavaban los mondongos y las tripas de los animales sacrificados en las aguas cristalinas del río Guama, el trabajador que freía los chicharrones, fritos y morcillas y preparaba la manteca de cochino en botellas de vidrio para su venta en los negocios del momento como el de Rómulo Castillo, Blas Aguiar, Ramón Zerpa, Miguel Avendaño, Quintín Valera, “Pancho” Parra, a través de los repartidores de la época: Colao, César Durán, “El Curraco”, Juan “La Oca”, quienes con esa extraordinaria labor del día a día, nunca faltaban en los anaqueles de negocios o bodegas.

Este trabajo, que era duro y madrugador, se iniciaba cuando los animales venían arriados y se dejaban en los corrales, cuya responsabilidad de amarre estaba a cargo de Hortensio Garrido y Antero Barrios para ser sacrificados a primera hora de la mañana, con el orgullo de que lo que se procesaba allí iba directo a alimentar a nuestros propios habitantes y a los de otros municipios.

Como todo en la vida de un pueblo como Guama, mantener el matadero en pie tuvo sus ventajas; los vecinos y habitantes lo sabían bien, pues para que las jornadas se dieran día a día, hacía falta meterle el hombro para que el producto pudiese llegar a los expendedores como Severiano Víez, José D’ Lucas, Carnicería el Parque o compradores como Delfín Hernández, Roberto Klen, Virgilio Canelón o Pantaleón Parra que lo adquirían para revenderlo.

Defender y apoyar lo que fueron estos espacios es defender nuestro pasado. En tiempos donde tocó repartir la carne en burros con canastas de lado y lado, para ser vendida mayormente en el mercado donde hoy se ubica el Sistema Nacional de Orquestas de Venezuela de Guama, se sigue demostrando que fue mucho más que un sitio de trabajo; fue el reflejo de un pueblo noble y madrugador que no se rindió por sus labores, característico de la gente de la época. Qué años.

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