Hablar de la educación en Guama es evocar la figura ilustre del insigne Carmelo Fernández, pero también a una cantidad de maestros y maestras nacidos en sus calles que asumieron el aula como un compromiso ético. Los educadores guameños han destacado siempre por su profundo sentido de pertenencia.
A lo largo de las décadas, en las aulas de sus instituciones educativas se ha tejido una historia compartida por dos grandes protagonistas: los docentes autóctonos que heredaron la mística de su terruño, y los maestros que llegaron un día por traslado o convicción para convertir a esta tierra en su hogar adoptivo.
Conocedores de la realidad del pueblo, de los apellidos de cada familia y de las necesidades de sus estudiantes, estos docentes no solo enseñaron el contenido de las ciencias, sino modelaron valores, ciudadanía y dignidad de generaciones enteras. Para el maestro guameño, el alumno nunca fue un número de lista, sino el hijo del vecino, el futuro profesional que levantaría su casa y el municipio.
Por otra parte, la historia escolar de Guama está profundamente marcada por aquellos docentes que llegaron desde otros rincones de Yaracuy o de Venezuela. Muchos arribaron en las décadas doradas de la expansión educativa nacional, portando un morral lleno de métodos pedagógicos novedosos, libros e ilusiones.
Hoy, rendimos homenaje a estos héroes de Guama, a los de nacimiento y a los de adopción, reconociendo que su verdadera educación no tuvo fronteras geográficas. Ambos grupos compartieron la tiza, sufrieron las mismas carencias y celebraron los mismos triunfos. Guama les debe a todos por igual el haber mantenido encendida la llama del conocimiento, la formación y el civismo en cada generación.
Expresamos nuestra gratitud eterna a: Gregoria Díaz, Catalina de López, Petra Domínguez, Carmen Aurora Castillo, Francisco Camacho, Isaías Blasco, Lope Cordido, Juan Arriechi, Elías Parra, Carmen de Dudamel, Alicia Ramírez, Alicia de Rivas, Ana Teresa Canelón, Águeda Ochoa, Marocia Avendaño, Elvia de López, Mercedes de Sandoval, Marlene Gutiérrez, Pilar Puente, Senovia de León, María Puerta, Angélica Camargo, Elí Melé, Zulma Calvete, Olga Arrieche, José Ramón Prado, Ramón Parra Pinto, Raquel Sánchez, Ofelia de Hernández, Juan Crisóstomo, Ángela Palencia, Sabino Hernández, Amable Pérez, Homero Pérez, Marina de Salvatierra, Betty de López, Milagro de Rodríguez, Estilita Ramírez, Zenaida de Espinoza y Ana de Téllez, entre otros protagonistas.
Muchos de estos educadores, estimados lectores, echaron raíces en la localidad, compraron su casa, formaron sus familias en esta tierra y terminaron entregando sus mejores años de vida útil a las instituciones educativas locales. Se volvieron guameños por adopción y por amor a la enseñanza. Que junto a la sabiduría local de los educadores del pueblo, guiaron a los recién llegados en el mapa social del terruño, aportando visiones de otras regiones, universidades formadoras y familias: juntos organizaron actos culturales, desfiles, ferias de ciencias, actos cívicos, obras de teatro y acciones pedagógicas que marcaron nuestra infancia y la formación profesional de hoy.
Aquellos estudiantes que una vez recibimos clases de esta combinación de educadores brillantes, hoy somos los profesionales que dirigen las riendas de Venezuela. Gracias, maestros, Dios les pague.
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