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viernes, agosto 28, 2026
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Luis Fuenmayor…El nuevo diálogo

Sin lugar a dudas, se desarrolla en el país un nuevo diálogo entre el Gobierno y un sector de la oposición. Este diálogo tiene características distintas a las de todos los anteriores, pero eso no niega su existencia. ¿Que no están representados todos los sectores de la oposición? Es cierto, pero en los diálogos anteriores tampoco estuvieron representados todos los opositores.

Además, esa característica, que podría ser una falla o una debilidad, no niega su existencia.
Allí están Jorge Rodríguez y Dinorah Figuera como evidencia corporal innegable de la existencia de unas conversaciones. Los hemos visto sentados frente a frente, aparentemente conversando; los hemos oído declarando, visto dándose la mano, sonriéndose y firmando papeles. Sabemos incluso algunos de los acuerdos alcanzados. ¡Que con narcoterroristas no se puede hablar!

Pero allí están hablando con esos “delincuentes irredentos”. ¡Que con corruptos traidores a la patria es imposible sentarse! Pues… sentados están. Nos hubiéramos podido ahorrar todas esas pendejadas, lo que nos hubiera ahorrado también cosas mucho peores.

Un elemento importante, que diferencia las actuales de otras conversaciones, es que son el resultado de la decisión de un tercero, pues no fue decidido por ninguno de los participantes.
No fue que Jorge Rodríguez y Dinorah Figuera resolvieron, en un momento de lucidez, sentarse a conversar, para ver si llegaban a algún acuerdo en el tratamiento de las diferencias que tenían. No. No fue de esa novelesca manera que ocurrieron los hechos.

Fue el Gobierno de Trump que decidió que tenían que discutir sus diferencias y buscar un camino para resolverlas, pero dentro del marco de una nueva situación en el país, en la que ese Gobierno, luego de invadirnos, bombardearnos y derrotarnos, tomó la decisión de someternos por la fuerza de las armas, para así arrebatarnos nuestras riquezas naturales, intervenir en nuestras finanzas y comercio exterior y decidir nuestras relaciones diplomáticas. Esta sí es una diferencia sustancial con el pasado.

Ninguno de los dos decide las cosas importantes. Uno, por estar sometido por la fuerza, y la otra, por haber decidido ser sumisa y obediente, ambos dóciles hasta por las mismas razones: salvar parcialmente sus proyectos políticos. Ojalá y en estos esté incluida positivamente la patria venezolana, pues eso permitiría que los acuerdos no estén de espaldas a las necesidades de la nación, facilitaría alcanzar arreglos sensatos, reduciría la influencia nociva de odios e ideologizaciones y permitiría marchar conjuntamente en la construcción de una institucionalidad sana, que nos fortalezca como república independiente.

Permitiría además lograr acuerdos más allá de los políticos y electorales, que parecen ser los fundamentales hasta ahora, para reforzar el área social de la nación: salud, educación, empleo y servicios básicos de electricidad, agua potable, comunicaciones, vialidad, transporte y ambiente.

Podrían salvar a Venezuela de decisiones económicas atroces, que comprometerían eternamente nuestro futuro. Esta debería ser una preocupación de los dialogantes. La cifra de nuestra deuda externa, echada a rodar por las aves de la rapiña capitalista, de 240 mil millones de dólares, no solo es exorbitante, sino totalmente falsa, como lo ha dicho el economista Miguel Rodríguez al referirse a la misma. Rodríguez ha expresado que “Venezuela no debe nada, absolutamente nada”, y ha señalado que “no debe aceptar ni por un instante lo que está planteando la administración Trump de una reestructuración de la deuda en este momento”. Ha dicho que “eso sería una estafa gigantesca para el país”.

Denunció como bandidos a “Centerview Partners”, traídos por el “gángster Mauricio Claver Carone, responsables de haber inflado la deuda, pues cobran sobre la base del monto total de la misma”, y llamó enfáticamente a “desconocer los arreglos de estos delincuentes con los bonistas venezolanos” (https://www.youtube.com/watch?v=qmVF2qZvJE4).  

Miguel Rodríguez calificó de “pendejo” al opositor que habló inicialmente de reestructurar la deuda. En todo caso, la misma tiene que determinarse en una negociación donde la república esté representada por expertos venezolanos, armados de valor, conocimientos y amor patrio auténtico, que no puedan ser comprados por el gran capital transnacional, ni la delincuencia organizada alrededor de Trump y Rubio. Y en esto deben acordarse Dinorah Figuera y Jorge Rodríguez, como expresión de todos los sectores políticos y económicos de Venezuela.

Tenemos suficientes economistas patriotas preparados, que pueden llevar adelante una negociación exitosa para el país y para los legítimos acreedores. No se trata de no pagar, se trata de pagar lo que realmente se deba pagar y de no hipotecar el futuro de nuestros hijos, nietos y bisnietos.

Leer también: Ni la política ni las luchas soberanas se detienen

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