La expresión de dar gato por liebre guarda la imagen de un ser humano malvado y sin escrúpulos proveyendo a otro ser humano, ingenuo, hambriento y bien intencionado, un producto de inferior calidad o diferente en causa y consecuencia a lo esperado, mostrando la cara y las intenciones como sincero y digno de confianza, mientras que en realidad está mintiendo; a dar una esperanza a quien necesita consuelo mientras que la verdadera intención es defraudar y aprovecharse de la buena voluntad o necesidad de quienes creen en palabras bonitas y promesas que no serán cumplidas.
En tiempos donde la verdad es dicha por una inteligencia artificial; donde las palabras y los gestos quedan grabados en audio y video de alta definición y los acuerdos firmados tienen rúbrica en el papel y son respaldados con PDF y firmas electrónicas cifradas en bloques encadenados; parece imposible que alguien pudiera hacer pasar un gato por liebre, pero lo cierto es que eso ocurrió y sigue ocurriendo.
En el medioevo también se pensaba de esa forma: era imposible que un ser humano medianamente conocedor de la vida pudiera ser engañado de esa forma. Pues los hechos, la historia y los documentos oficiales señalan que no solo es posible, también indican la forma detallada para llevar a cabo el elaborado engaño.
La receta más antigua que se conoce no fue escrita por un rey traidor a su pueblo; por un congreso que mintió a los pueblos originarios o por una junta de reconstrucción embustera; fue escrita por un cocinero español llamado Ruperto de Nola, en el libro “Llibre del Coch” (1525), y la receta está titulada “Gato asado como se quiere comer”. Existen otras muchas recetas para el mismo fin: la de las abuelas vascas (1995), la versión de Cantabria, la receta tradicional alavesa de «gato en salsa» y la de las ferias de pueblo, pero esa es apócrifa y aún secreta.
Básicamente, en todas ellas el proceso es el mismo: atrapar a la víctima o gato con palabras bonitas y promesas, cortarle la garganta con un cuchillo afilado para que no pueda gemir y, antes de que muera, arrancarle la piel, luego enterrarlo envuelto en una mortaja limpia y esperar durante un día con su noche, después exhumarlo, untarlo con aceite de oliva y ajo fresco antes y durante la cocción, y mientras esta ocurre, se le golpeará con ramas de condimentos en rama verde; puede ser perejil, albahaca o bambú. El pasote también es útil.
ara servirlo, se corta como se haría con una liebre y se adorna con limón y bellas palabras.
Ir a una mesa de negociación y estar seguro de que no van a intentar meter gato por liebre es una señal de debilidad y estupidez manifiesta; pues la idea no es fantasía, es realidad histórica, existe la fórmula y vive desde hace más de cuatrocientos años, está documentada en causa y consecuencias; porque la receta es real y su uso está comprobado; es muy posible que alguien hambriento de justicia, si no se tiene cuidado, le metan gato por liebre y sea engañado.
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