En la celebración del 150° aniversario del natalicio del Dr. Plácido Daniel Rodríguez Rivero, es justo resaltar la vida y obra de este ilustre sanfelipeño nacido el 24 de agosto de 1876. Fue en vida un destacado médico, científico, agrimensor, escritor e historiador; mas en esta oportunidad es digno exaltar la pasión que mostró por su tierra natal, a la que sirvió como ciudadano, profesional e intelectual.
Ofrendó para siempre la obra Origen y Desarrollo de San Felipe El Fuerte, de obligatoria consulta, toda vez que describe y explica su fundación a partir de fuentes originales —entre ellas, el Archivo General de Indias—, certificando el rigor científico de la investigación que presentó ante la Academia Nacional de la Historia al ingresar como individuo de número en 1938.
En su narrativa esboza los años previos al nacimiento del Cerrito de Cocorote a final del siglo XVII, cuando la producción de cacao sustentaba la economía de los valles de Yaracuy. Para entonces, la zona estaba controlada por el Cabildo de Barquisimeto; no obstante, el ímpetu de sus hacendados y productores hizo posible la autodeterminación de su pueblo.
A decir de Rodríguez Rivero, en 1693 Cerrito de Cocorote surge por primera vez a la luz de la historia local con la inauguración de la iglesia Virgen de la Presentación, mostrando su vía originaria de organización social, económica, política y religiosa, una gesta indetenible hacia su consagración como ciudad real.
La población del Cerrito de Cocorote tuvo en 1699 a don Juan Naranjo Juárez y a don Simón López Varaona como sus primeros cura y alcalde, respectivamente. Más adelante, don Alonso de la Torre y Ponce de León asume como burgomaestre y figura clave en la defensa de la identidad local, enfrentando los ataques ordenados en 1710 por el Tte. gobernador don Martín de Gainza y por el alcalde de Barquisimeto don Juan Luis de la Parra, junto a sus hermanos Santiago y Carlos Luis. En 1717 y 1724 continuaron los vejámenes, pero el indómito pueblo se levantó en las tres ocasiones en que fue destruido, hasta que el 6 de noviembre de 1729 obtuvo la cualidad de ciudad independiente mediante Real Cédula del rey Felipe V.
El 15 de octubre de 1730, el gobernador don Sebastián García de la Torre organiza el cabildo, instalado el 1 de mayo de 1731, denominando al asentamiento como Ciudad de San Felipe El Fuerte. En 1732 se definen sus límites y se estatuye la cuadrícula de la ciudad con 132 manzanas y 508 solares, evidenciando su planificación urbana a largo plazo.
San Felipe continuó vertiginosamente la senda del progreso en el siglo XVIII, tal como lo testimonia Rodríguez Rivero al acudir a las investigaciones de José Luis de Cisneros y del obispo Mariano Martí, expresando en su obra: »Logró San Felipe El Fuerte, en relativo corto tiempo de su desenvolvimiento, figurar entre las principales poblaciones venezolanas de occidente hasta el año de 1812… Pero en la tarde del 26 de marzo todo cambió. Como fulminados por un rayo invisible, sus edificios se rindieron, vueltos polvo, el espanto de la tierra convulsa e indómita, asfixiando entre las ruinas a la mitad de sus habitantes».
Así es la exégesis que aporta nuestro ilustre historiador, destacando la capacidad de recuperación de la ciudad que supo despertar y mantenerse erguida en el tiempo, orgullosa del espíritu indomable de sus ancestros.
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