La vida le cambió por completo a la familia Moreno Camacho, esto tras lograr sobrevivir en La Guaira a los devastadores terremotos registrados el 24 de junio. Hoy, desde Chivacoa, municipio Bruzual, siguen intentando asimilar este hecho que marcó su corazón, alma y destino.
Mirna Moreno y su nieta Yhonneidis Camacho nos contaron sus historias sobre cómo vivieron a este doblete sísmico en su tierra natal: La Guaira, la cual fue decretada zona de desastre producto de los colapsos de edificios, heridos y gran cantidad de fallecidos.
Moreno, quien reside en Chivacoa desde hace ocho años, había viajado a La Guaira hace unos 15 días para cuidar a su hija, quien había sufrido un accidente en moto. Estando allí, le tocó presenciar el doblete sísmico, el cual describió como lo peor que le ha pasado a su amada tierra.

Contó que al momento del sacudón estaba sentada y recibió una llamada de su esposo, quien le dijo que estaba temblando. «Yo le dije aquí también y me levanté, salí por un pasillo hacia las escaleras; mi hija se estaba bañando, tuvo que salir en paño. Por más que quería caminar, la vibración no me dejaba«.
Ella afirma que a sus 61 años jamás había experimentado una tragedia de tal magnitud; incluso, como sobreviviente de deslave en 1999, afirma que no hay comparación, lo ocurrido este año lo superó.
«Esto es lo peor que le pudo haber pasado a Vargas, no tiene comparación», dijo Moreno, quien recordó que en 1999 también llegó al estado Yaracuy, junto a sus hijos, a la casa donde residían sus padres, la cual es la que están habitando actualmente.
Señaló que estos terremotos marcaron su vida; le arrebataron a una prima que quedó atrapada entre los escombros y a varios compañeros de trabajo de su hija.
«Doy gracias a Dios porque, a pesar de todo, él nos guardó y nos sigue guardando. Fue una casualidad haber estado ahí», dijo Moreno, quien ha recibido atención médica y tendrá apoyo psicológico.
Una nueva vida con las manos vacías
Yhonneidis Camacho, de 23 años, arribó a Yaracuy acompañada de su padre, sus dos pequeños hijos y sus sobrinos. Todos están viviendo en la casa de su abuela Mirna Moreno. Llegaron sin nada; los sismos les quitaron todo lo material.

Para Camacho todo cambió. Contó que al momento del sismo estaba durmiendo y lo que la despertó fueron los gritos de su hija, a quien un televisor estuvo a punto de caerle encima debido a la fuerte vibración.
Como pudieron, salieron de la casa hasta un espacio abierto, y durante tres días permanecieron allí, durmiendo en el piso, por temor a que las casas se vinieran abajo. Hasta que un amigo de su papá los fue a buscar y pudieron llegar a Chivacoa, una ciudad que había visitado de niña.
Agradeció a Dios y a Yaracuy por tanta ayuda; los vecinos les han colaborado con pañales, alimentos y comida; jamás imaginó tantas muestras de solidaridad.
Actualmente, tiene muchos sentimientos encontrados; en La Guaira perdió a seres queridos y allá está su vida; sin embargo, en este momento no quiere regresar. Desea retomar su vida en Chivacoa, conseguir trabajo y que sus hijos estudien. «Aquí seremos felices, en nombre de Dios».
En medio de la emergencia, muchas personas les han colaborado; sin embargo, actualmente necesita un televisor para los niños y una nevera para almacenar los alimentos. Además, está dispuesta a trabajar y luchar por salir adelante.




