Una herramienta preventiva esencial para un futuro sostenible ha reaparecido; su adopción viene en camino sorteando escollos, obstáculos; en su equipaje, además de muchas cosas, trae la respuesta o la razón del porqué los campesinos quizás son más longevos.
La Comunidad Económica Europea (CEE) ha logrado descifrar el misterio; ¡han tomado el control de la calidad del producto del campo que llega a la mesa del consumidor y de qué manera! Dos exhibidores hortícolas, ¿cuál escoger? En uno se muestran verduras, legumbres y frutos sin leyenda alguna alusiva al sistema de cultivo, y en otro exhibidor muy próximo, los mismos rubros agrícolas, pero con un colgante letrero que indica: “Cultivados con agricultura regenerativa”. El lugar, supermercados privados y mercados públicos en países de la CEE, señal inequívoca de su apuesta por la salud preventiva.
Allende los mares, siguen exhibiendo valiosos ejemplos de la tenaz y persistente lucha por la vida, por el buen vivir, pues ya aparecen vallas próximas a centros de acopio con vistosos letreros que señalan “por tu salud compra solo regenerativos”, si todo entra por la boca queremos disfrutar de frutos y hortalizas sin contaminantes, con controles rigurosos de calidad está en juego la salud y los argumentos esgrimidos por políticos y gobernantes, quienes sostienen que para lograr una vida segura y sostenible y prevenir dolencias y enfermedades es preciso estimular e impulsar patrones y tecnologías que auspicien y sostengan la «salud preventiva” dentro de los planes de la llamada seguridad social, tan escasa, minusválida e inestable en la Venezuela de hoy, y de paso rendir las partidas que se asignan a la salud activa.
Es posible lograrlo con la implementación de normas, reglamentos, estímulos, premios, supervisión y controles de calidad que atraigan y estimulen a los renuentes agricultores a adoptar tecnologías saludables, los cuales, al cuidar y proteger el medio ambiente, los suelos, las aguas y la biodiversidad, provean a mercados y a consumidores de frutos de buena calidad, libres de contaminantes y bajo estrictos controles de calidad.
Los del campo siempre lo supieron, sabían que algo se escondía en la fortaleza de las aplicaciones químicas, pero era la tecnología que prevalecía; no daba lugar a discusión, la meta era rendir y rendir los cultivos cada vez más.
Un caso patético y protagónico da cuenta de cómo un herbicida aplicado, suspendido su uso y vuelto a aplicar en países vecinos para acabar con cultivos ilícitos, tóxicos y dañinos, hace diabluras a la salud; así lo evidencian las múltiples veces encontrado en las heces de quienes los cultivan.
En un futuro que ya está aquí, contra viento y marea, los agricultores, tarde que temprano, ante el rechazo a sus productos y la aceptación de los regenerativos, se verán precisados a producir productos hortícolas, libres de contaminantes, obligados y amparados mediante reglamentos de producción ecológica que prohíban los pesticidas, y los fertilizantes sintéticos y promuevan la fertilidad natural del suelo, reforzando los controles y aumentando de esta manera la confianza de los consumidores.
Los nuevos reglamentos quizás limitarán severamente el uso de fertilizantes artificiales, herbicidas y plaguicidas obligando el uso de logotipos ecológicos y la adopción de medidas activas para prevenir la contaminación.
Quienes se conviertan en gestores y portadores de vida, cultivando sanamente, sabrán que el camino a recorrer no es fácil, el andar por la otrora agricultura les fue difícil y el porvenir se asoma fortalecido e impulsado por la experiencia acumulada.
A tal efecto, múltiples pruebas y comparaciones dejan entrever que su uso, el de la agricultura regenerativa, se traduce en alimentos más saludables, logrando al hacerlo obtener las mismas cantidades con un costo inferior o similar, pero esencial para la buena salud.
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