El ser humano, al igual que la vida misma, es un ser esencialmente dinámico; cambiante como cada ola del mar que acaricia la costa de manera irrepetible Desafortunadamente los hay, pero no debería existir una justificación válida para mantenerse deliberadamente al margen de los tiempos que vivimos. Es cierto que fenómenos como la desconexión voluntaria, el neoludismo o la adopción de una vida contemplativa —donde se prioriza el descanso, la reflexión y la paz interior— representan posturas respetables.
Alejarse del ritmo acelerado, el ruido ensordecedor y las exigencias desmedidas del progreso es, muchas veces, una decisión consciente que busca evitar que el tiempo y la atención sean consumidos por el constante e hipnótico flujo de información. Hasta este punto, el objetivo de resguardar la salud mental y la soberanía personal creo que está claro, preciso y plenamente justificado.
Ahora bien, ¿qué pasa cuando una persona se escuda de forma tajante tras la afirmación «yo soy así»? Para que un individuo se adapte de manera armónica a una sociedad regida por valores y conductas morales, no existe un límite de edad. Nunca es tarde para aprender nuevos principios, modificar conductas desadaptativas o alinearse con las normas éticas de la convivencia.
La ciencia nos respalda en esto: según investigaciones, gracias a la neuroplasticidad, el cerebro humano es capaz de crear nuevas conexiones neuronales y reestructurarse a lo largo de toda la vida. Decir «yo soy así y no puedo cambiar» es, frecuentemente, una excusa cómoda basada en la resistencia al cambio y en la rigidez mental, más que en una incapacidad biológica o psicológica real.
Bajo esta premisa, podemos concluir con firmeza que no hay justificación, ni de temperamento ni de edad, para no tratar de manera educada, digna y respetuosa a otro ser humano. Si bien es innegable que existen rasgos inherentes a la naturaleza de cada individuo, el verdadero compromiso ciudadano y evolutivo radica en el esfuerzo por resaltar y cultivar valores y nuestros rasgos más luminosos: la adaptación, la empatía, la creatividad, la confianza y la paciencia. El dinamismo no es una opción; es la condición indispensable para seguir siendo humanos. Hasta otra travesía…
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