Apure, nuestro estado llanero, tiene una superficie de 76.500 km². Es el quinto estado menos poblado del territorio venezolano y es el tercer estado más extenso de Venezuela.
Apure está vinculado a nuestra historia. No se puede hablar de la independencia de Venezuela sin hacer referencia a este noble estado. Acude a nuestra memoria este gigante territorial y parte esencial de nuestra vida republicana porque en esas lecturas de fin de semana, me consigo con el maravilloso: Andrés Eloy Blanco y los comienzos de su actividad profesional como abogado de la República. Allí, en Apure, transcurrió parte de su vida profesional, intelectual y política.
Durante esta permanencia en Apure, llegó a ser abogado de una dama singular: Doña Francisca Vázquez de Carrillo. Esta noble mujer fue atendida profesionalmente por nuestro Andrés Eloy en una serie de actividades inherentes a la tierra llanera de la cual era propietaria. Llama la atención esta singular señora porque fue ella el ser humano en que don Rómulo Gallegos se inspiró para escribir “Doña Bárbara”.
Relata Andrés Eloy que, atendiendo profesionalmente a la señora Francisca, un día conoció a un hombre alto, fuerte, que le llamó poderosamente la atención y confiesa que se le parecía a alguien. Al conversar con este señor, descubrió el porqué de aquella inquietud. Resulta que este caballero, alto, erguido, fuerte, era hijo del centauro de los llanos: José Antonio Páez.
Todo esto se operaba cuando el Presidente de la República era el general Juan Vicente Gómez y el gobernador del Estado Apure era el general Pérez Soto. Andrés Eloy y el gobernador eran amigos y coincidían en variadas reuniones de la sociedad apureña. Ambos mantenían sus relaciones a pesar del abismo existente en materia ideológica y política.
El general llegó a afirmar en una oportunidad que: “… Andrés Eloy es amigo mío fuera de la política…”. En una de esas oportunidades, nuestro admirado poeta escribió una serie de sonetos “aretinescos” y en uno de ellos calificó al temido gobernador de: “el pequeño tirano de Apure”. Andrés Eloy, le noto amoscado y preguntó al gobernador: “¿Le disgustó lo de tirano? Y respondió rápido: “No señor, me disgustó lo de pequeño”…
Nunca negó el poeta su amistad con el citado gobernador y afirma que: “De mi amistad con el general Pérez Soto”, hablan por sí solos los hechos narrados, “que bastan para asegurar una amistad personal, sin menoscabo de la enemistad política… Él sabe que fue su adversario político y que “nunca he negado mi amistad por él”. Yo no soy un cualquiera. Asimismo, recuerdo que ataqué duramente, en el campo político, al general Pérez Soto, desde las columnas de “El imparcial”.
Lo supo él; y sin embargo, mientras estuve preso, nunca llegó a Caracas sin preguntar a mi casa por mi salud. Siempre atento y cordial con los míos; cuando muchos amigos negaban un saludo a mi familia, Pérez Soto solicitaba ese saludo…”
Fuente: Carta de Andrés Eloy Blanco a Olivo Martínez, 2 de diciembre de 1937.




