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martes, septiembre 1, 2026
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William López…Llamado a la libertad

Existen múltiples definiciones de lo que es un preso político. Con el respeto a cualquier ambiente académico, transcribo una definición que, aunque sencilla, no deja de ser satisfactoria; así, diremos que: «Un preso político es cualquier persona que es privada de su libertad de manera arbitraria por motivos políticos, ya sea por sus ideas, por criticar u oponerse a un gobierno, o porque sus acciones representan un desafío para el sistema político establecido».

Generalmente estos encarcelamientos ocurren sin que el individuo haya cometido un delito real o violento, recurriendo a juicios injustos o fabricados. Un preso político en una sociedad no es más que una vergüenza para la misma. Es atentado al razonamiento civilizado. Es ofensa a la dignidad humana. Es atropello al libre desenvolvimiento de la personalidad del ser humano.

Nuestro país vive la vergüenza de tener presos políticos. Tal existencia es producto de mentalidades que asumen el poder político y actitudes que significan vergüenza para cualquier ser racional y mandan a la cárcel a seres humanos por el solo delito de pensar distinto o porque se oponen a su manera de dirigir el país.

Aires de libertad, aunque un poco tímidos, soplan por el territorio venezolano. Estos aires han llevado a reuniones de alto nivel que tienen como meta lograr que en nuestro país no existan presos políticos y que los que se encuentran en esta categoría de minusvalía sean liberados de esa vergüenza propia de mentes retrasadas.

Las reuniones que buscan eliminar el flagelo del preso político comenzaron, pero apenas sueltan matices en lo que al restablecimiento de la libertad se refiere. Todos hablan de la vergüenza que es un preso político dentro de la sociedad nacional, pero veo que dominan los postulados y no se concretan acciones. Es decir, no se libera a los seres humanos que sufren humillación en las mazmorras del Gobierno y a los que se les impide caminar libres por nuestras calles por el solo delito de pensar distinto.

Esas comisiones que están tratando de eliminar de nuestra faz la existencia del preso político deben materializar acciones, es decir, liberar a los privados de libertad y abrir procedimientos a las personas que crearon estas privaciones para que sirvan de escarmiento a los residuos que puedan quedar de esas mentes perdidas y alejadas de la civilización.

No es tiempo de excusas, no es tiempo del «estamos estudiando los casos».  No es tiempo de matices conceptuales. Aun cuando la decisión que se tome conlleve que algún culpable salga en libertad por un error procedimental o de análisis, lo que procede es una apertura de las cárceles.

No podemos seguir sufriendo la vergüenza de la tortura, el atropello, la prisión injusta e ilegal y ser víctimas de procesos inventados por expertos y que se han aplicado a nobles ciudadanos que no han hecho más que luchar por un país mejor y por la restitución de las libertades elementales existentes en cualquier nación dirigida o gobernada por seres racionales.

El país no soporta nuevas trampas como la vergonzosa ley de amnistía que solo sirvió para afianzar la maldad practicada por las personas que han gobernado este país desde hace más de 20 años. ¡Viva la libertad!

Leer también: Federico García Lorca

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