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jueves, julio 30, 2026
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Notas desde Farriar…De La eliminación de los feos a No hay cama pa’ tanta gente

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El rumbón de esquina, la jodedera, el humor, el vacilón, el soneo y el bembé se concrecionan en estos dos temas clásicos de la salsa que el Gran Combo de Puerto Rico grabó: uno en la década de los 70 y el otro en la década de los 90, con una misma temática. Dos guarachas sabrosas y calientes para el bailador en ritmo de bomba y plena y otras variantes del canto popular caribeño, con la particularidad de que Rafael Ithier, director, pianista y arreglista del Gran Combo de Puerto Rico, con un sonido fresco al estilo del merengue dominicano, la guaracha y el son cubano revitalizaron los nexos musicales de las islas caribeñas.

Fueron Rafael Cortijo, Ismael Rivera y Mon Rivera los responsables de los cambios gestados en los años sesenta en la música popular de Puerto Rico, debido a que ellos introdujeron una renovación instrumental en la bomba y en la plena puertorriqueña desde mediados de los años cincuenta, agregándole tumbadora, bongó y timbales y unas letras frescas que denunciaban los problemas de los negros en el Caribe.

Mon Rivera introduce los trombones y unas series de trabalenguas que le dieron a la bomba y plena una cierta picardía y un toque de humor que agradaba a los bailadores y salseros, muy parecidos a los temas: La eliminación de los feos y No hay cama pa’ tanta gente; todos estos elementos están presentes en estas dos composiciones.

Básicamente podemos resumir los aportes de las agrupaciones boricuas a la salsa en sus compositores, arreglistas, instrumentistas y cantantes que se atrevieron a cambiar algunas reglas institucionalizadas, dándole un toque de renovación que permitió que el viejo son y la vieja guaracha al lado del guaguancó se tomaran el medio musical caribeño con una sonoridad que ya no era solamente cubana, sino que traía en sus células rítmico – melódicas los aires musicales populares de los boricuas, Catalino “Tite” Curet Alonso, el compositor más grande que ha dado Puerto Rico en el seno del movimiento salsero aportó su conocimiento, su poesía y su inventiva para denunciar la realidad del Caribe y las vivencias de los caribeños enmarcados en un mundo lleno de incongruencias, desaciertos políticos, económicos y culturales.

Es entonces cuando aparece en escena musical desde principios de los años sesenta el Gran Combo de Puerto Rico, creado por el pianista Rafael Ithier, quien, al ver la debacle del Combo de Cortijo, tomó la decisión de conformar un combo con características similares al de Cortijo, en donde militó como pianista. Ithier, después de experimentar con el merengue, la guaracha, la bomba, la plena y el boogaloo, se decide por las viejas composiciones cubanas y, sobre todo, por los boleros compuestos por Arsenio Rodríguez. 

Para la década del setenta, se deciden los muchachos del Gran Combo a grabar la guaracha “La eliminación de los feos”, que se convertiría en la base de la salsa en cuanto a las figuraciones del bajo y la forma del piano de atacar el montuno.

La voz de Andy Montañez en su máximo punto se erige con potencia, afinación y calidad melódica para que el tema se destaque como uno de los mejores grabados por el Niño de Trastalleres. Se convirtió en un verdadero éxito donde se nombran a cantantes, músicos, compositores de la región caribeña.

Parece ser que una enorme máquina venía del metamundo salsero y traía como objetivo moler a todos los feos del globo terráqueo, y la gente se preguntaba: «¿Y por qué será que los eliminan? “Porque pa’ los feos no hay penicilina / esta semana que viene / van a eliminar los feos”. ¡Escóndete, Abel Figueroa, que ahí viene la máquina!   

El Gran Combo fue la mejor orquesta de salsa fuera del ámbito neoyorkino, la única que gozaba de sobrada popularidad en uno y otro extremo de la comunidad boricua. El Gran Combo representó para la salsa una variante necesaria: mientras las orquestas de Nueva York iban progresivamente cediendo ante la falta de originalidad y la excesiva rigidez, la agrupación de Puerto Rico significó la salida fresca y espontánea. 

Es cierto que su música, en lo que a calidad y ambición en los arreglos se refiere, nunca estuvo a la altura de lo propuesto y logrado por los neoyorquinos, pero también es cierto que en ellos el sabor y la imprescindible picardía caribeña jamás estuvieron ausentes, falla que sí acusó, con no poca presencia, la salsa producida en el norte, y El Gran Combo, con Rafael Ithier a la cabeza, supo sacarle el mejor provecho posible a esta circunstancia.

 El Gran Combo retomaría aquella guaracha sabrosa y caliente, me refiero al tema No hay cama pa’ tanta gente, pero esta vez, con una nueva sonoridad y frescura y la versátil voz del sonero Charlie Aponte. Composición esta impregnada de humor, de vacilón y donde el bembé y la jodedera afloran: “Y en una esquina Tito Puente / empezaba a pestañear / y volvió Celia a gritar ¡azúcar! / No hay cama pa’ tanta gente / pa’ fuera, pa’ la calle/”. Y en una fiesta bailando con Carmelina, la hija de Yemayá, nos perdimos con la madrugada y la brisa matinal nos llevó hasta el Edén perdido.

Leer también: Son cosas que duelen…compadre querido

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