Sus logros y contribuciones han moldeado, ¡y de qué manera!, el mundo en que hoy vivimos; no hay espacio, no hay lugar terrenal donde su huella no haya quedado impresa en refulgentes letras doradas, desde la ciencia, la política, desde el arte hasta la literatura, y pare usted de contar.
La gesta de su aparición, ascenso y posicionamiento en la sociedad no fue tarea fácil; estuvo sembrada de muchos escollos, desafíos y rechazos, con tímidos y temerarios avances.
Historias surgidas para un nunca olvidar, relatos de mística y heroísmo, nos transportan a la independencia, en la cual tuvo una destacada actuación en cada uno de los eventos de la causa patriota, siendo notorias figuras como la de la yaracuyana Cecilia Mujica, conocida como la mártir de la libertad, sacrificada por las fuerzas realistas cuya trayectoria por la justa lucha que lideró fue enaltecida con el nombre de un prestigioso liceo en San Felipe.
Su paso por la época de la colonia estuvo marcado por una estricta subordinación al hombre, la castidad y el rol dominante impuesto por la cultura hispánica, condición que cambiaría drásticamente, permitiendo que muchas mujeres rompieran el esquema tradicional para constituirse en activas espías, enfermeras, financistas y combatientes de la causa patriota.
Luego de tanto bregar en busca de su reconocimiento, llegó el momento esperado y, en 1946, se les concedió el derecho al sufragio que les otorgó merecidamente la plena ciudadanía y su participación en la arena política.
El tiempo transcurría tapizado de avances y reconocimientos y, de pronto, cuando menos y tal vez nunca imaginaron, apareció la cruel etapa de la “diáspora”, iniciada con fuerza y vigor entre 2015 y 2016, caracterizada por el éxodo masivo, obligándola a sobrevivir con alta vulnerabilidad, enfrentando xenofobia y asumir el liderazgo familiar aún hoy casi intacto productivo y social.
La mujer venezolana ha sido siempre, y aún continúa siéndolo, un pilar fundamental de la sociedad, caracterizada por su resiliencia y liderazgo, manteniendo un papel protagónico muy destacado ante situaciones críticas y conflictivas en el ámbito familiar, comunitario y laboral.
A menudo superando adversidades socioeconómicas, se ha distinguido por su inquebrantable lucha por la justicia y la validación de los valores de la mujer, alcanzando mayor visibilidad política y laboral.
Es creativa, sabe hacer mucho con pocos alimentos, cuidar y sostener a los suyos, tiene palabra firme, corazón grande y sensible, y una alegría que se mantiene aún en medio de las dificultades.
Cuando ya se decanten las emociones y los sentimientos, recobren el humanismo y la alternancia política sea un hecho, se las recordará siempre por su arrojo y valentía, como las heroínas de la diáspora, las que se fueron llevando a sus hijos a cuestas, las que, queriendo marcharse, se quedaron cuidando los haberes, cuidando sus querencias ¡y con qué coraje!, digno de imitar, resguardar y recordar por siempre.
En un acto de memorable recordación, al celebrar el día de todos los días de la mujer, se conjugan fraternalmente las emociones, los sentimientos, el amor, la amistad y a solidaridad para en una sola voz aprovechar el nombre de un barrio próximo a la Avenida Alberto Ravel, alojamiento temporal de alumnos que cursan estudios en la UPTYAB, conocido como el barrio Las Madres, para en un gesto de especial gallardía estadal o municipal, colocar una estatua que represente a la mujer en toda su majestad, conciliando diferencias políticas y de protagonismo.
Ya la diáspora cambió de rumbo, regresa paulatinamente al lugar donde se gestó; millones la acompañan, retornan al hogar algunos presencialmente, otros virtualmente, van al encuentro de las madres, de los hijos, de sus familiares, de sus querencias llegan a celebrar los días de gloria.
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