Al Dr. José Luis Altuve
“Se me perdió la cartera / ya no tengo más dinero”, este tema del tresero ciego maravilloso Arsenio Rodríguez, grabado por Larry Harlow, el judío maravilloso y su orquesta, es de esas canciones que se quedaron tatuadas en el alma del pueblo caribeño, y cuya vigencia en el tiempo es al parecer imbatible. Surgió en 1974 en homenaje hecho por el pianista judío al tresero cubano, que él tituló a secas con un solo de piano salsa.
En Venezuela, 11 años antes, Federico Betancourt y su Combo Latino habían aparecido en el escenario musical con su disco titulado “Llegó la Salsa”. La vigencia y contundencia rítmica melódica de este disco grabado en vivo y con sonido cuadrafónico, acompañado en la parte vocal por Júnior González, una voz fresca para el soneo que permitió darle una connotación sin par al trabajo de Harlow.
Dos cosas demuestran categóricamente la vigencia de este disco: en primer lugar, el valor especial que se le imprimió, y es el que tiene que ver con el llamado “renacer de la charanga”.
En efecto, este renacer de la charanga se da precisamente con salsa, aunque la orquesta Harlow no fuera precisamente una charanga. En ello influyó un número del disco, me refiero a “Se me perdió la cartera”, que se convertiría en el mayor éxito disquero de Harlow.
Para enfrentar este tema, Harlow amoldó la estructura tradicional de su orquesta (par de trombones y par de trompetas más ritmo completo) a lo que es una de las características básicas de la orquesta de charanga: El uso de los violines Harlow, así, mezcló ambas posibilidades: la orquesta de salsa y la de charanga.
Para ello le sirvió mucho la presencia del judío norteamericano Lewis Khan, trombonista regular de la orquesta, quien también era capaz de ejecutar el violín con sobrada solvencia. Aprovechando los beneficios de la electrónica, el sonido amplificado de un solo violín lograba dar la sensación de varios, por lo menos los dos violines imprescindibles en cualquier charanga que se respete.
Además, es bueno destacar el virtuosismo de Khan, quien, sin ninguna experiencia en el mundo de la charanga, afincó inclusive en un par de solos que, sin mayor alarde, bien cumplieron su objetivo.
Con “Se me perdió la cartera”, el público salsoso pues, comenzó a absorber la posibilidad de los violines, los que un par de años después aceptó definitivamente con la reincorporación de la charanga.
Y en segundo lugar: en haber cumplido ya, con plena madurez, la influencia de Arsenio Rodríguez a los efectos de un sonido realmente contemporáneo.
La mayoría de los arreglos, responsabilidad de los trombonistas norteamericanos Mike Gibson, Sam Burtis y Mark Weinstein – quienes asumieron la salsa de Nueva York como una prolongación válida del jazz, del cual ellos provenían-, sirvió para aportar esa nueva visión y enfoque del viejo son cubano. Se seguía manteniendo la estructura de las partes tradicionales – son y montuno-, pero en los mambos que entrelazarían estas mismas partes ya respondían a una concepción muy distinta de la que había establecido Lily Martínez, el arreglista por excelencia de Arsenio.
Asimismo, los solos de piano, trompetas, trombones y bajo estaban ya imbuidos de un espíritu netamente contemporáneo, considerablemente lejano de los patrones de tónica dominante que caracterizaron toda la elaboración musical del son tradicional.
Y es bueno destacar que este tipo de innovaciones, muy a diferencia de los trabajos que realizaban Palmieri, Colón y todos los demás vanguardistas, no pretendía escapar del ámbito del son y modificar a este último en variantes que siempre corrían el riesgo de desvirtuarlo. Y en una fiesta bailando con Carmelina en casa de Carmen Mercedes, inventando unos pasos en el montuno, se me perdió la cartera.
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