* Campeones del mundo: La selección de beisbol de Venezuela en el CMB le devolvió al país una alegría que llevaba demasiado tiempo ausente. Por un instante, propios y extraños, radicales y moderados, todos coincidieron en un mismo grito, una misma emoción: la de ganar y sobreponerse a todo para demostrar que se puede ser el mejor en un deporte tan complejo y exigente como el beisbol. Jugadores y cuerpo técnico hicieron lo que correspondía: entregarse sin reservas, conscientes de que ya no se trataba solo de un resultado, sino de reivindicar un gentilicio históricamente ligado a esta disciplina. El equipo cumplió con creces y evocó escenas de Invictus, donde el rugby logró unir a Sudáfrica tras el apartheid. Lo lamentable es que aquí no exista un liderazgo con la altura de Mandela para transformar este triunfo en un punto de encuentro real, capaz de despojar al país de divisiones e ideologías. Venezuela sigue reclamando cambio y bienestar. Y el tiempo, aunque corre, todavía alcanza para reescribir la historia.
* Salidas: La presidente Delcy Rodríguez anuncia cambios en el gabinete, destacando la salida del general Padrino López del Ministerio de la Defensa, sustituido por el mayor general Gustavo González. Padrino se marcha sin rendir cuentas, cerrando una de las etapas más cuestionables de la historia militar reciente, marcada por la grave falla defensiva del 3 de enero de 2026. No fue solo un problema de superioridad tecnológica: fue la evidencia de la inexistencia de protocolos eficaces ante escenarios críticos. La llamada “defensa integral” terminó siendo una puesta en escena con resultados humillantes. El general González López recibe una institución golpeada, con la obligación de reconstruir su moral y ofrecer condiciones dignas a oficiales y tropas. En paralelo, la incorporación de Jacqueline Faría, sin logros que respalden su gestión, confirma que el clientelismo sigue imponiéndose sobre el mérito. Si este momento exige rectificación, debería comenzar por los nombres. Por cierto, en relación con la designación del fiscal general de la República o defensor del pueblo, mal se comienza si se hace una pantomima de renuncia al PSUV para justificar una falsa independencia. O se hace bien, o se hace bien.
* Fuerza política: En el escenario actual, gobernadores y alcaldes empiezan a depender menos de estructuras partidistas y más del veredicto ciudadano, que ya no se conforma con discursos vacíos. La política de consignas perdió vigencia; hoy la exigencia es gestión concreta. Menos palabras, más resultados. El color político cede ante el peso del nombre y la acción. No es una ecuación simple, pero sí una señal clara del momento. Las malas gestiones serán castigadas cuando llegue la hora electoral. En Sucre, el alcalde Luis Duque aplica correctivos de forma constante donde el municipio lo demanda. En San Felipe, Rogger Daza avanza en la recuperación de las avenidas La Fuente y La Paz, mejorando iluminación y vialidad. En Cocorote, Pedro Bolaño activa la tradicional Feria del Buñuelo. ¿Mayor margen o mayor presión? Poco importa: lo indispensable es que se traduzca en municipios mejor atendidos y servicios públicos que funcionen. Los frutos políticos vendrán así y solo así.
* X libertad: No hay argumento serio para sostener el bloqueo de X en el país. El propio Gobierno ha optado por usar la plataforma como canal oficial, lo que deja en evidencia la contradicción de restringir su acceso. A la par, resulta inaplazable abrir el debate para derogar la llamada Ley contra el Odio, que en la práctica ha generado más arbitrariedad que justicia, duplicando además figuras penales ya existentes bajo criterios más claros. Persistir en ese esquema solo profundiza distorsiones. Es momento de cambiar la forma de hacer política. De eso hablaremos el lunes.
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