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viernes, mayo 1, 2026
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Notas desde Farriar…De Plantación Adentro a Anacaona

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                                                                                            Al poeta Orlando Barreto

Plantación Adentro y Anacaona son dos temas de la salsa de conciencia que se quedaron tatuados en el alma del pueblo caribeño, y cuya vigencia en el tiempo es, al parecer, imbatible. Catalino “Tite” Curet Alonso, compositor de ambos temas, con un lenguaje polisémico bien estructurado y en una misma línea temática directa, sin ambages y pletórica de autenticidad, pone de manifiesto la condición que soportó históricamente Latinoamérica dada su condición colonial frente a la América anglosajona.

Su reafirmación revierte significativas connotaciones políticas contemporáneas en el terreno cultural, que le otorgan a estas canciones aires de desafío en su definición de identidad. Al oír estos temas, de inmediato nos trasladamos rítmica y melódicamente al formato de rumba impregnado con el son y el guaguancó, y en el cual se refuerza la retaguardia rítmica y entra el piano marcando el montuno con la interpretación de Rubén Blades en Plantación Adentro.

El eco de un tambor llamó a Cheo Feliciano, esa voz única, privilegiada, genial en el soneo y el fraseo, y magistral en el bolero, dándole a la canción Anacaona un inevitable sabor a pueblo, a barrio y a arrabal, con su canto radicalmente salsoso.

Recordar y sentir esta música es vivir un momento de libertad e integración latina de una sociedad que deambula entre lo real y lo imaginario, un gran fresco humano donde se da la crónica cotidiana, pequeña y grande, con sus arquetipos. Una trama de conciencia vivísima de nuestros tiempos y de nuestro mundo caribeño.

Por eso, Catalino “Tite” Curet Alonso refleja con dignidad extraordinaria los valores e ideales de la salsa contemporánea fuertemente impregnada de telurismo, donde la tristeza, la alegría, el dolor, la amargura, la esperanza y la desesperanza arcaica de la negritud dan el tono esencial a sus composiciones.

Y él dedica estos cantos a sus barrios, a sus conterráneos, a las muchas historias, sean estas ciertas o no, que guardan los pueblos caribeños; él sabe entregar su savia musical, que no es otra cosa que la interpretación de esa sustantiva realidad histórica y social avasallante latinoamericana.

En estos temas las intenciones y los enfoques son diversos, variando la intensidad y la contundencia del mensaje. En un primer momento, “Tite” Curet siente que cantándole a la raza primitiva, a los viejos esclavos que llegaron a la región, es una manera de cantarle a su gente, a las comunidades que pueblan los barrios de las grandes ciudades y que él entiende como prolongación directa de aquella primaria esclavitud.

Aquel primer canto esclavo que sonaba en los barracones de las plantaciones. En estos dos temas no hay cuento de hadas, es una realidad cruda y avasallante de la historia latinoamericana, con el caro precio de sangre, dolor y sufrimiento. No obstante, Catalino “Tite” Curet Alonso, Cheo Feliciano, Rubén Blades y Willie Colón ponen a la gente del Caribe y al mundo salsero a gozar, llorar, guarachar y celebrar la vida.

Leer también: La justicia no debe seguir durmiendo entre los muertos

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