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jueves, marzo 19, 2026
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William López…Se va un guameño de corazón

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Cuando era un joven estudiante de educación secundaria, llegó a Guama una familia procedente de Cubiro, un hermoso pueblo perteneciente al estado Lara. Cubiro tiene clima de montaña; está en un cerro que, forma parte de otros cerros que si los atravesamos rumbo al sur, llegamos a Chile. Los lugareños afirman que allí comienza la cordillera de los Andes. Cubiro tiene un viejo y humilde templo frente a su plaza. Se dice que allí está sepultado don Diego de Losada, el fundador de Caracas.

Me refiero a la familia Peraza León. Era una madre y sus hijos; esta familia se integró a nuestra comunidad en varias actividades. Desde esa época, conviven con nosotros y forman parte de nuestro paisaje humano.

Los considero mis amigos. Entre ellos había un joven delgado, formal, respetuoso, de voz grave, con un espíritu alegre. Lo recuerdo muy activo políticamente. Era la época en que el país iniciaba el proyecto democrático.

Me refiero a Juan Peraza León. Era un activista político, tenía lo que el expresidente Betancourt llamaba: “El virus por dentro”. Juan, era sencillo, dado a la conversación. Se fue formando para el bien y luchó por ello. Se convirtió en profesor de educación secundaria, y en esta actividad desplegó una obra singular.

Era el amigo de los estudiantes sin perder el respeto. Era el asesor. Era algo así como una mano derecha de sus discípulos, cabeza visible y orgullo de nuestro liceo.

Transcurrió el tiempo y no perdió la convivencia y el contacto con Guama. Era hermoso presenciar, por ejemplo, al terminar la misa dominical, y ver acercarse a él personas de diferentes edades a saludar a su profesor con esas expresiones de cariño, inspiradas por esa espontaneidad que solo exterioriza el cariño, el respeto y el agradecimiento humano.

Dice un poema: “… Más como el tiempo pasa y destroza todo el miraje que urde el encanto …”, hace algunos días llegó la triste noticia de su fallecimiento que, por supuesto, nos impacta y entristece.

Era nuestro buen amigo; me honró con su amistad. Era un punto de referencia positivo en nuestras relaciones humanas y en nuestra convivencia civilizada. Era un luchador y defensor de las libertades ciudadanas. Era un soñador por un mundo mejor y nos quería como pueblo. Deseaba nuestro bien.

Deja un vacío que vamos a sentir. Pero también nos deja el ejemplo de una vida ejemplar que proyectó y agradecemos. Descansa en paz, ¡buen amigo! Te adelantaste. Dios sabe lo que hace. Pienso que decidió tenerte a su lado para, desde su Santa Gloria, juntos, ver el regreso de esa libertad por la que luchaste. Mis condolencias para toda su honorable y querida familia.

Leer también: Recordando una singular mañana guameña y despidiendo a un amigo

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