Crear un libro era, en el pasado reciente, una tarea compleja y exigente; desgastante desde todo punto de vista. Desde lo intelectual, pasando por las crisis con la familia y el entorno social, ser escritor era una hazaña de vida.
Tomando el ejemplo de Gabriel García Márquez, quien siempre afirmó que escribir “Cien años de soledad” le tomó dieciocho meses trabajando diariamente ocho horas, lo que suma un total de dos mil ochocientas ochenta horas de elaboración, eso sin incluir los más de veinte años de imaginar y crear en su mente el mundo de relaciones que es Macondo. Todo esto da una idea del trabajo necesario, en aquellos tiempos, para crear una obra de esa calidad y magnitud.
Luego, desde el día que se termina de escribir, en la vida de la obra se inicia la siguiente y muy importante parte del proceso necesario antes que un libro llegue a los estantes y de allí a los lectores.
Ocurría que un editor recibía el manuscrito original y, luego de leerlo, y que fuera de su agrado, lo presenta para lograr su aprobación ante una junta editorial que analiza sus puntos fuertes, como lo son expectativa de ventas, posible acogida entre el público, coherencia del tema con momento social, político y económico que se vive; y son los miembros de ese comité quienes deciden si se publica o no.
Después de revisiones, correcciones, pruebas, artes, aprobaciones y márketing, la obra puede salir a la luz, y con el favor de los vientos, se venderá lo suficientemente bien para que tenga alguna notoriedad, pague los gastos y dé una parte de lo que queda al escritor.
En la actualidad, el proceso puede ser otro. Es suficiente que quien desea publicar un libro tenga una idea que sea de su agrado; no es necesario que sea un escritor profesional, basta con que tenga un argumento y el público objetivo al que irá dirigido su libro.
No es necesario estar completamente claro con lo que se quiere hacer. Esas ideas inconexas se pueden compartir con una inteligencia artificial y ella ayudará a encontrar ideas originales que den pie a un argumento. La inteligencia artificial encontrará entre sus ideas la chispa que encienda la imaginación de quien desea generar un libro y dar inicio al fuego de su historia.
Con solo abrir alguna página web de autopublicación gratis, el productor puede subir a la internet su creación. Como fue elaborada casi íntegramente por una inteligencia artificial, es de esperar que no tenga errores ortográficos evidentes, pero el resto de los errores al escribir: tildes, letras, tiempos verbales y demás errores tipográficos (dedazos) son sopa de otro plato.
Lo anterior nos lleva a deducir que el tiempo de las máquinas de escribir y los programas procesadores de palabras están llegando a su fin, que las largas jornadas para escribir una novela están terminando y que las interminables búsquedas del sinónimo correcto para cerrar un soneto pronto pasarán a la historia. O tal vez no.
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