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jueves, febrero 26, 2026
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Luis Tesorero…Campo de batalla transparente

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El conflicto en Ucrania ha cambiado la forma de ver muchos aspectos de la guerra; empezando por la presencia masiva de drones autónomos y semi autónomos, la forma en que armas clásicas se usan, como en el caso de la artillería, la guerra de desgate, la conservación de posiciones, el despliegue de tropas; y también ha logrado el desarrollo de otros aspectos que hace cien años eran teoría, como es el caso de conceptos militares en donde la tecnología hace que el campo de batalla sea trasparente, sin posibilidades de esconderse u ocultar posiciones.

Es una nueva guerra donde los movimientos de tropas tienen otro significado, pues el enemigo tiene los medios para saber cuántos y dónde están los recursos materiales y personales de su adversario.

Es un área del pensamiento humano que se desarrolla a velocidad de vértigo; hace apenas sesenta años los aviones espías permitieron conocer el avance de tropas, despliegue de flotas y movimientos de misiles; otro tanto logran los satélites de principios de siglo actual, que permiten leer el número de placa de un automóvil o interceptar comunicaciones vía radio eléctrica. Hoy en día, los ejércitos en campaña pueden ver lo que su enemigo cocina, hacia dónde se mueve, lo que dice; más aún, hacerlo a través de las paredes y de la oscuridad.

La niebla ya no es problema, tampoco el polvo del desierto y los uniformes con diseños miméticos con el ambiente ya no son garantía de cobertura. Esto ocurre porque la tecnología de video cada vez es más capaz y potente para agrandar y mejorar imágenes, las cámaras infrarrojas son muy baratas y los sistemas detectores de movimiento son cada vez más sensibles.

Si a esto se le suman las tecnologías para la identificación de objetivos específicos con inteligencia artificial y el desarrollo cada vez más sofisticado de drones, aviones y satélites, se hace casi imposible que el soldado común, los equipos móviles ordinarios, con sistemas de comunicación y procesos tecnológicos de esta mañana, se escondan de su enemigo que desarrolló nuevos sistemas de localización esta tarde. Todo lo que está caliente, se mueve o emite una señal de radio eléctrica puede ser detectado, localizado y destruido, casi sin la intervención humana o sin ella si fuese necesario.

La sorpresa, las emboscadas y los ataques desde la distancia se han convertido en escenarios casi utópicos y de baja probabilidad si se cuenta con la tecnología de detección correcta, funcional y con capacidad de respuesta. Al contrario, cuando se carece de ella, se es un pato herido, sangrante, ciego y sordo en un estanque lleno de tiburones.

Los campos de batalla transparentes son el fin de doctrinas clásicas como la concentración de fuerzas para los asaltos masivos o la defensa estratégica, los bombardeos tácticos, el desarrollo de largas líneas logísticas y la creación de ciudades industriales; todas ellas denominadas en la guerra moderna como “ataúdes» fáciles de detectar, de rápidas destrucción y llenos de potenciales cadáveres.

Esta realidad obliga a las naciones y sus ejércitos a crear nuevas estructuras de inteligencia y datos que les permitan recabar la información más rápido, analizarla y tomar decisiones con tiempo de respuesta que seguramente requerirán de la intervención de la inteligencia artificial para no quedar obsoletos.

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