Los dos terremotos que sacudieron al país tuvieron como epicentros el estado Yaracuy (a 23 y 28 km de distancia de Yumare, municipio Manuel Monge, según informó el Servicio Geológico de Estados Unidos); sin embargo, la entidad no sufrió daños devastadores en comparación con otras regiones del país, entre ellas la capital, esto debido a múltiples factores.
El ingeniero yaracuyano Carlos Contreras explicó que el fenómeno denominado «sismo dual» no es común, pero sí puede ocurrir, y señaló que la gravedad de un terremoto no depende de un solo elemento, sino de la combinación de diversos factores, entre ellos, intensidad, profundidad y hasta la vulnerabilidad y estado de las construcciones.
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El experto detalló que el primer sismo ocurrió a 10 kilómetros de profundidad y el segundo a 20, y dentro de la sismología, a menor profundidad, mayor es el riesgo y daño superficial.
También dijo que las ondas sísmicas se aceleraron al llegar al Valle de Caracas debido a la composición de su terreno, lo que amplificó el impacto en la región capital pese a la distancia del epicentro.
Contreras dijo que en San Felipe existen construcciones bajas, entre cuatro y cinco pisos, mientras que en Caracas son comunes edificaciones de hasta 20 pisos, las cuales suelen ser más vulnerables ante las ondas de este tipo de sismos.
De igual forma, el ingeniero señaló que la actividad sísmica se puede extender por días o semanas hasta que la energía de las placas se nivelen. Dejó claro que normalmente las réplicas suelen ser de menor intensidad, pero no descarta un evento de igual o mayor magnitud. Fue claro al decir que este tipo de fenómenos son imposibles de predecir y no tiene nada que ver con el calor y los niveles de temperatura.
También hizo un llamado a las autoridades para que exijan la supervisión de los proyectos sismorresistentes, esto a través de un seguimiento por parte de ingenieros especialistas. No solo para grandes edificaciones, sino también para estructuras más pequeñas como una vivienda.
Por último, instó a la ciudadanía a prepararse, conocer las vías de escape y tener despejadas estas áreas. Mantener a la mano un kit de seguridad y, sobre todo, calma.




