A más de un mes de los terremotos de magnitud de 7.2 y 7.5 que tuvieron como epicentro Yaracuy y Catia La Mar, respectivamente, profesionales de diversas áreas consideran que la experiencia dejó una lección clara: es indispensable fortalecer la gestión de riesgos y crear una cultura sísmica que tenga entre sus prioridades la revisión, diseño y construcción segura de los edificios y estructuras.
Jaen Ordóñez, presidente del Centro de Ingenieros del estado Yaracuy (CIEY), explicó que ante un evento telúrico lo más peligroso es la vulnerabilidad de las estructuras; esto es lo que marca la diferencia entre un evento natural y una tragedia.
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Señaló que es importante volver a la buena ingeniería: «Como desde el 1812 no ocurría un terremoto, se creó una cultura de la construcción enfocada hacia la informalidad, sin el uso de profesionales, estudios técnicos de suelo y sitio, lo cual nos generó una vulnerabilidad que, gracias a Dios, en este evento de junio, en Yaracuy, se midió en concreto y cemento».
Esto lo dijo la mañana de este miércoles 5 de agosto durante su participación en el evento «Yaracuy después del doble terremoto», una iniciativa de un grupo de profesionales del estado para abordar todo lo relacionado a este evento telúrico. Además de Ordóñez, el panel de ponentes estuvo integrado por: Yanet Navarro, Yamileth Sanguino, Luis Paredes, Rosana Mieres y Rafael Parra Barrios.

Durante la actividad, realizada en la Posada Granja Momentos en Independencia, el ingeniero afirmó que para construir debemos aplicar todos los criterios técnicos profesionales y de estudios necesarios, «para que las estructuras puedan ser verdaderamente sismorresistentes».
Es por ello que desde el gremio yaracuyano están buscando la manera de formar una alianza con las alcaldías para que de ahora en adelante ningún permiso de construcción se pueda dar sin que exista un proyecto debidamente calculado por un profesional responsable, que el espacio cuente con todos los estudios y que sea un experto en el área quien esté encargado de la inspección de la obra.
«Los riesgos sísmicos siempre van a estar allí, Venezuela es un país sísmico y no se pueden eliminar; lo que sí podemos hacer es mitigar los riesgos«, dijo Ordóñez, quien instó también a tomar medidas para que se cumplan con todas las recomendaciones y adecuaciones ofrecidas durante las inspecciones realizadas a las diversas estructuras, tras el doblete sísmico.
Conocer nuestro suelo
Yanet Navarro, ingeniero geóloga, formó parte del grupo de panelistas, quien abordó lo relacionado a la interacción de las placas tectónicas y el reajuste geológico en el norte de Venezuela, destacó que es necesario conocer sobre el riesgo sísmico en el país para el ordenamiento territorial y la zonificación de todas las estructuras.

Sobre lo ocurrido el 24 de junio, la especialista explicó que, aunque el sismo con epicentro en Veroes (Yaracuy) fue de gran magnitud (7.2) y tuvo una profundidad de 20,3 kilómetros, los daños causados por el de Catia La Mar fueron considerablemente mayores. Esto se debió a que el evento en el litoral no solo alcanzó una magnitud de 7.5 sino que ocurrió a solo 10 kilómetros de profundidad, mucho más cerca de la superficie.
Aclaró que el segundo evento fue tres veces más fuerte que el primero. La diferencia de tiempo entre uno y otro fue de 39 segundos y entre ambos duró casi dos minutos.
Para la especialista, a más de un mes de los terremotos es normal sentir las réplicas. Aseguró que la tierra es dinámica y estos reajustes forman parte de su naturaleza».
También desmintió algunos mitos y aclaró que la actividad sísmica no guarda relación con factores meteorológicos como el calor, las lluvias o eventos como El Niño. Son cosas totalmente diferentes.
Durante su participación, enfatizó la importancia de que las autoridades y los entes de planificación consideren las recomendaciones técnicas de los ingenieros para la edificación de infraestructuras.

Habló sobre la necesidad de la microzonificación y mapas de riesgo, estudios que permitan conocer la vulnerabilidad del suelo en cada zona y de esta manera garantizar que cada ciudadano conozca el espacio en el que habita.
Llamó a la cultura sísmica, a enseñar a la colectividad a saber cómo actuar antes, durante y después de un temblor.
En el evento, Yamileth Sanguino habló sobre las políticas públicas necesarias para la prevención de riesgo y desastre, mientras que Luis Paradas conversó sobre los retos post terremotos. Rosana Mieres se enfocó en la respuesta de la ciudadanía y Rafael Parra Barrios sobre la historia: San Felipe El Fuerte: De las ruinas de 1812 a la resistencia de 2026.




