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miércoles, julio 1, 2026
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Notas desde Farriar…Don fulano y su mujer

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Yo sé que él gozará / de lo que yo te enseñé”/… Este bolero, interpretado magistralmente por Marvin Santiago, “El sonero del pueblo”, lo es, sobre todo, tanto por la ronca e inagotable musicalidad de su voz como por la expresiva fuerza plástica que le sirve de apoyo, y él le dio estilo a la canción.

Y con la composición de Catalino “Tite” Curet Alonso, “La voz mayor de la salsa”, quien con un lenguaje polisémico bien estructurado, pletórico de autenticidad y donde el bolero vuela con nuevos giros armónicos, ritmo, sonoridad y melodía.

Constituye un clásico del reservorio musical romántico que bulle y palpita con igual o mayor intensidad la realidad, el testimonio humano y creador de la música popular caribeña. El formato rítmico – melódico en este bolero se evidencia en el saxo alto y en el saxo tenor y en las notas de las trompetas, como extrayendo al máximo la densidad rítmica que se suelta al unísono como un vendaval de estrellas.

Hoy, mañana y siempre recordaremos a Marvin Santiago con este bolero intensamente desgarrado, lacerado, donde la experiencia aguda amorosa carnal se pasea golpeando todos los rincones del alma:

Don fulano y su mujer
Yo sé que él gozará
de lo que yo te enseñé
y que un esclavo seré
amarrado a tu palcer
tal vez comentarás
que mucho sabes de amor
y que tú le negarás
quien te enseñó del amor
él llegará a pensar
que tu pasado entero
se acaba en el beso de amor que le das
y no sospecharás que en el brazo tuyo
se esconde una historia
que él nunca sabrá.
Yo sé que él gozará
De lo que yo te enseñé
Y así los anunciarán
Don fulano y su mujer
Don fulano y su mujer…

Todos los boleros se inspiran en un ambiente voluble; todos sus personajes son fieles representantes de esa realidad densa y compleja que es la cultura caribeña. En este campo de su creación, el bolero se muestra dentro de la más calificada tradición de la música popular caribeña, puesto que tiene más de cien años. Su símbolo romántico no es otra cosa que esa lucha librada entre el amor y el desamor, como queriendo imponerse la ficción sobre la realidad.

Las pasiones cobran inusitados bríos y los personajes son arquetipos humanos movidos por el instinto o el ideal, pero humanos siempre. Está el amor, pero también la traición y el sacrificio. Y en fin, el sueño y la poesía comparten el agitado mundo que se expresa en el contraste y en el antagonismo más cerrado. ¿Y ello, qué es en definitiva?

El denso material para alzar a luz valiente los símbolos vitales de mi tierra caribeña, que por extensión son los mismos de toda la tierra hispanoamericana de nuestro tiempo. Es que el bolero nació triste, precisamente con la famosa canción de Pepe Sánchez que irónicamente se titula “Tristeza”, y ese ritmo musical seguirá triste por los siglos de los siglos.

Nuestros escritores y poetas fueron seguramente los artífices que más contribuyeron a la creación de una estética urbana en la que el mundo de los bares, prostíbulos, pensiones o casas de citas fue los ámbitos predilectos de ese andar y desandar por las malas calles y de la trasmutación en palabras de ese mundo de ambientes cargados con el humo de los cigarrillos, tragos fondo blancos y mujeres anónimas sobre las que, como cantara Yordano, los parroquianos echan su aliento, pagan y se van.

Y al fondo, siempre con sus luces y sus reflejos cromados, sonando la voz ebria de un cantante ya tal vez fallecido, reproducido por una octogenaria, pero invicta rockola, la sobreviviente de nuestro más íntimo despecho.

Leer también: A él, al padre, a tu papá

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