Lo que viene es joropo, eso dicen en el llano cuando es necesario prepararse en lo físico y mental para una tarea que va a requerir de toda la atención y esfuerzos para el logro del objetivo, que requerirá de mucho esfuerzo y concentración. Lo que quiere decir es que, ante el panorama político nacional e internacional y en previsión de lo que se viene en el país, lo mejor es prepararse.
El ejercicio de bailar ese ritmo criollo de la forma adecuada, bien acompasado y con belleza, requiere de mucha energía, coordinación y de arremangarse las perneras del pantalón, sobre todo cuando se le pone agua al suelo y el lugar del baile se pone, en consecuencia, resbaloso y propenso a ser causa de resbalones y caídas.
Por eso los venezolanos deben comprar alpargatas nuevas para salir a bailar el joropo de la vida y beber mucha agua para no morir de sed al intentarlo, porque la noche es larga, está muy oscura y la conquista del objetivo no está fácil; las suelas se van a gastar y nadie sabe cuándo se podrá regresar a descansar.
El panorama del futuro inmediato no es alentador. La producción petrolera, el excremento del diablo, esa horrible pesadilla que ahoga al país, ha aumentado cada día y el chorro de crudo no se detendrá en las próximas dos generaciones, para nuestra desgracia de todos. Y eso es solo el primer capítulo de una novela muy larga.
El otro es que las expectativas de crecimiento de la producción minera y del componente hidráulico para la generación eléctrica no hacen sino crecer con la aplicación de nuevas tecnologías. Es la parte triste, decepcionante y asfixiante del porvenir; tanta riqueza no hace sino atraer a falsos amigos que vienen a ofrecer su ayuda sin esperar nada a cambio, más que las riquezas mismas.
Lo verdaderamente difícil es la rehabilitación del país. En lo moral, el nacionalismo, el patriotismo y lo ético están en el punto más bajo en casi tres siglos de historia, y en lo social y político las fuerzas sociales están más divididas que torta de cumpleaños y más separadas que el agua y el petróleo dentro del mismo frasco.
Ahora los retos son reconstruir el sistema educativo y darle nuevos horizontes y adecuarlo a un nuevo mundo donde es necesario entender a las máquinas o perecer en el intento. Es necesario hacer de nuevo el sistema de salud y darle un nuevo sentido, adecuarlo a los nuevos retos demográficos y a las pandemias que puedan aparecer.
Se deben recuperar las pensiones en un país donde los aportes son insuficientes, la población mundial deja de crecer y aun así devolverles a los jubilados sus capacidades económicas y con ello la vida.
Pero, sobre todo, recuperar la agricultura y la ganadería, no solo para proveer el pan de cada día, sino también para ser productivos y frenar de forma real, consistente y sostenible la inflación que mata a más ciudadanos que la guerra de independencia.
Es largo y tortuoso el camino que hay por delante y este es el momento de salir para comenzar a patear calle. Y todo eso pasa por una agenda que se inicia en la preparación, organización y celebración de elecciones que satisfagan a todos los participantes: libres, transparentes y seguras, que generen de nuevo confianza en que amanecerá y será mejor.
Hay tareas que ya se han iniciado; por eso es necesario comprar alpargatas, porque lo mejor de este joropo está por comenzar.
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