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miércoles, septiembre 23, 2026
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José Prado…Casas y esquinas de nuestro pueblo

Al doblar en las esquinas de las calles principales, donde el desgaste de la pared deja al descubierto el material con el que fueron levantadas hace mucho tiempo, vivía gente de la que yo desde niño disfruté de sus cuentos y anécdotas de quienes construyeron o coexistieron en esos espacios inolvidables. Aún en este año 2026, mis queridos lectores, se siente recordar el bamboleo de las mecedoras o sillas junto al ventanal, pasillos o frentes de ensueños. 

Desde esos espacios, que en sus tiempos mozos servía para intercambiar miradas, cartas a escondidas o conversaciones, las familias en Guama han visto transcender con una visión de nostalgia  los momentos que dieron paso a este modernismo que no ha podido desdibujar, las imágenes de las estructuras que se convirtieron en casas de familia, juzgados, panaderías, abastos, refugios políticos, movimientos juveniles, amoríos, deportivos o bodegas.

Estas casas que construyeron o compraron familiares y amigos con su esfuerzo y dedicación, cuentan con esos bellos recuerdos de nuestro transitar como muchachos que hacen que mi memoria transforme el rostro en alegría.

En sus zaguanes nos reuníamos a jugar, tomar café después de cada jornada y en las esquinas, se armaban las conversaciones que arreglaban al pueblo, el país o el compartir de tragos o comentarios obligados de los partidos de beisbol y fútbol, teníamos prisa sí, ya que las casas o esquinas eran nuestro punto de encuentro diario, donde nos congregábamos con un cariño inolvidable.

Casas o esquinas como el Ideal, Moisés Rodríguez, Fermín Ochoa, Los López Bravos, López Araujo, los Pérez Oropeza, José Ramón Duran, Ricardo Bravo, los Salvatierra, los Prado, Julio González, Luis y Orlando Linárez, Napoleón Laguna, los Miralles, Casa de Páez, Marocia, los Canelones, los Fenelones, los Klemm, Rosario Miralles, Misia Constanza, Bautista Alejos, López Castillo, Rómulo Castillo, Ramón Castillo, Los Calvette, Ramón Avendaño, don Elísito Mosquera, los Hernández, Adela Linárez, la Barcarola, la Venecia y Meche Cordido.

Asimismo, Carlos Siems, Cheli Unda, Antero Arteaga, Musiú José, Ana Teresa Canelón, los Garridos, los Rojas, las Sánchez, los Domínguez, Ana Gregoria, Sonia Garrido, los Puerta, Consuelo López, los Lugo, don Julián, Blas Aguiar, los Sosa Guillén, Pancho Parra, Verdú, la Playita, la Aurora, capitán Andrade, los Wonsiedler, la Medicatura y muchas más.

No fueron simples estructuras de adobe, madera o ladrillo; son cofres de una memoria pura. En su interior, los techos altos y los patios centrales cubiertos de vegetación no solo respondían a una arquitectura pensada para refrescar los días calurosos, sino a un estilo de vida volcado hacia la convivencia familiar. Los zaguanes actuaban como umbrales entre lo privado y lo público, permitiendo que la brisa y el saludo del caminante entraran hasta la sala.

Sin embargo, sus estructuras, donde las procesiones o las comparsas de carnaval hacían una parada obligatoria, o cuando niños jugábamos a las metras o al escondite hasta que la luz del sol ya escondida, anunciaba la hora de regresar al hogar.

Perder una casa tradicional o desdibujar una esquina histórica de Guama, es borrar la huella de quiénes fuimos y aprendimos en ellas. Mientras queden ventanas abiertas, el alma de nuestro pueblo seguirá teniendo esquinas o casas donde encontrarnos. Enhorabuena. 

Leer también: El legado inolvidable de los maestros guameños

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