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martes, julio 14, 2026
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Redefinir la normalidad no es pasar la página con indiferencia, sino aprender a caminar con lo vivido

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Luego de los devastadores sismos que afectaron a varios estados del país y que ocasionaron miles de muertos y damnificados, a muchos ciudadanos les ha costado y se han cuestionado volver a la «normalidad»; para algunos, retomar sus actividades puede verse como una falta de empatía ante la tragedia; sin embargo, la realidad es otra.

La psicóloga Antonella Serrano explicó que, tras los terremotos, el entorno cambió y nosotros también; las calles y las dinámicas ya no son las mismas. «Por ende, es importante  aceptar que nuestras rutinas necesitan transformarse para adaptarse a este nuevo presente. Redefinir la normalidad no es pasar la página con indiferencia, sino aprender a caminar con lo vivido, entendiendo que el cambio es parte inevitable del proceso colectivo».

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Dijo que es completamente comprensible sentir un choque al regresar al trabajo, a los estudios o a los quehaceres cotidianos, mientras el entorno sigue sensible o vulnerable. Sin embargo, reconstruir estos hábitos diarios no es un acto de egoísmo ni de desconexión con el dolor ajeno.

Al contrario, recuperar las actividades en el día a día es una herramienta psicológica vital para devolverle a nuestra mente la sensación de seguridad, control y estabilidad. Estabilizar es un paso necesario para seguir ayudando a los demás.

A esto añadió que es común que aparezca la culpa por sentirnos a salvo o en una situación de menor vulnerabilidad en comparación con otros, lo que muchas veces nos lleva a invalidar nuestro propio sufrimiento.

«Pensamos que no tenemos derecho a estar tristes o abrumados porque ‘otros la están pasando peor’, pero la realidad es que todos los  sentimientos son válidos», dijo Serrano, quien aseguró que no es necesario medir el tamaño de tu herida con la de los demás para tener el derecho de sentirla y  procesarla.

De la misma forma lo opina la psicóloga Gabriela León, quien señaló que es importante entender que volver progresivamente a nuestras actividades no significa ser indiferentes al sufrimiento de los demás.

Es todo lo contrario, «para poder sostener y ayudar a otros, primero necesitamos preservar nuestro propio bienestar físico, emocional y económico».

Explicó que retomar hábitos cotidianos como trabajar, estudiar o buscar espacios de recreación saludables no implica olvidar lo ocurrido. «Estas actividades funcionan como factores protectores para la salud mental y nos permiten mantener la estabilidad necesaria para seguir apoyando a quienes lo necesitan, incluso desde lo económico o el voluntariado».

León señaló que la solidaridad no solo consiste en acompañar a quienes fueron afectados directamente, sino también en construir una comunidad emocionalmente sostenible, en la que las personas puedan cuidarse a sí mismas para seguir cuidando a los demás.

El llamado es seguir con nuestras responsabilidades, algo que podemos realizar sin dejar a un lado las miles de maneras de ayudar a todos los afectados.

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