* Elecciones de medio término: Pensar que la derrota del Partido Republicano y de Donald Trump en las elecciones de medio término significa un viraje definitivo o la descomposición total de lo construido hasta ahora es desconocer la dinámica del sistema político estadounidense y las reglas que mueven sus correlaciones de fuerza. Las razones de este resultado van desde el voto castigo por el desgaste gubernamental hasta la abstención deliberada del elector republicano tradicional; sin embargo, analizar las derrotas resulta tan simple como absurdo en muchos casos, sin restar valor a que dicho examen sea tan necesario como obligatorio. Mal síntoma el de Trump al reducir la caída al simple hecho de no aparecer en la tarjeta electoral, como si se tratara de un plebiscito fallido cuando, en realidad, su abrumador protagonismo en la campaña lo convierte en el perdedor central de una contienda que casi todos los mandatarios sufren en su momento, incluso en peores condiciones o con pérdidas mayores, como le sucedió al demócrata Barack Obama en sus dos mandatos. El verdadero juego político apenas comenzará el 2 de enero de 2027 y veremos entonces a un presidente que se mueve como pez en el agua en la confrontación, frente a un Partido Demócrata que ha adquirido rasgos y giros pragmáticos impensables en otros tiempos.
* A lo gringo: A estas alturas de la crisis nacional, resulta evidente que la transición en el país avanza al ritmo estricto de la agenda de Estados Unidos y no impulsada por eslóganes emocionales ni discursos de consumo interno. Si este proceso depende hoy del cronograma y la presión de una superpotencia, es porque la dinámica de los hechos nos trajo hasta aquí, y negar esa realidad objetiva forma parte del desacierto político en el que tanto insiste la oposición tradicional. María Corina Machado tiene ahora la gran oportunidad de entender con lucidez que, para conservar pertinencia y peso real en la ecuación política, la vía idónea es la negociación estratégica y la integración, jamás la retórica del choque frontal. Corregir el rumbo implica moderar su impronta mesiánica y poner frenos a los sesgos autoritarios que exhiben algunos voceros de Vente y de la Plataforma Unitaria. Desprenderse de lastres que nada aportan y dejar claro que su liderazgo no equivale a un cheque en blanco para decir cualquier despropósito son tareas impostergables. La ruta “a lo gringo” quizás no sea el escenario ideal, pero hoy representa el único camino con efectividad real.
*Ley pro odio: La llamada ley contra el odio debe ser derogada de raíz, sin parches ni reformas superficiales que solo pretendan disimular la coacción o cambiarle el ropaje semántico. Si para algo ha servido este mecanismo es para silenciar a la disidencia y perseguir a los ciudadanos en nombre de una paz ficticia, fruto del sesgo arbitrario que concede este texto legal y no del auténtico Estado de derecho. La utilidad de una legislación que pretende controlar las emociones es cuestionable en cualquier contexto, pues suelen ser los regímenes autoritarios los que imponen estos esquemas bajo el pretexto de una armonía social que termina siendo pura autocensura. Este marco jurídico mantiene latente el conflicto y el odio mismo —un elemento subjetivo e intangible— en una sociedad castigada que necesita sanar y liberarse del abuso ejercido desde el poder público.
* Positivos: Mi siempre recordado pueblo de Cocorote ya luce su hermosa faceta navideña; ojalá podamos presenciar de cerca sus jornadas de juegos tradicionales, una valiosa iniciativa recreativa impulsada por la Alcaldía. Hoy, por cierto, nuestra querida ciudad de San Felipe celebra su aniversario: 297 años de rica historia, calidez humana y tradición ininterrumpida. Nos hacen llegar desde la Alcaldía sanfelipeña la programación oficial junto a una calurosa invitación para visitar Albarico, una zona ampliamente remozada para la festividad que ahora exhibe un imponente monumento a San Juan, motivo de profunda alegría y orgullo para toda la comunidad.
Leer también: Evidencias



