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miércoles, septiembre 9, 2026
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William López…Se marchó Danilo Rojas Arteaga

En aquellos inolvidables años correspondientes a la década de 1960, junto con varios compañeros de estudio, me encontraba a las puertas de la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas Carmelo Fernández, que funcionaba en una acogedora vieja casona ubicada al final de la Quinta Avenida de San Felipe.

Era época de la lucha armada. El gobierno nacional mantenía una lucha feroz con los grupos guerrilleros de la extrema izquierda venezolana. Era normal en aquella época que en cualquier reunión de amigos se encontrara un miembro de la guerrilla. Dentro de este escenario, recuerdo una clara mañana en que faltó uno de los profesores a su clase y, por supuesto, esa hora era libre. Conversábamos varias personas en el zaguán de entrada a la casa.

Entre los presentes estaba uno de los profesores de la escuela que, por cierto, era partidario de la lucha guerrillera y lo vamos a llamar «El profesor X». De pronto, se detiene una patrulla de la Digepol y pregunta por «El profesor X». Todos callamos. Entonces, este, con una serenidad ejemplar contesta: «Él se encuentra en una reunión. Si me lo permite, lo puedo ir a buscar…». El funcionario aceptó y «El profesor X» ingresó a la escuela y fue a buscar a «El profesor X».

«X», inteligentemente, ingresó al inmueble, se fue al fondo del mismo. Ahí, en un antiguo garaje, funcionaba el Salón de Escultura y, como tenía una oxidada puerta de hierro, la abrió y se escapó.

Entre las personas que se quedaron en la puerta, se encontraba el estudiante Danilo Rojas Arteaga. Inteligente y buen amigo. Cuando pasaban la lista y el profesor expresaba: «Rojas Arteaga Danilo», lo normal era contestar: «Presente». Pero él se limitó a decir: «Usted lo ha dicho». Tal expresión se convirtió en hábito de mi compañero. Este comportamiento lo llevó a la fama dentro de la institución.

Danilo era un ser creativo, inteligente y buen amigo. Destacaba en aquel ambiente intelectual de gente caracterizada por ese crear reiterado y original. Poseía una amplia cultura. Era un destacado crítico de arte. Al cumplir sus obligaciones académicas en la escuela de artes plásticas, ingresó a la Escuela Cristóbal Rojas; allí, se graduó de profesor y comenzó una brillante carrera educativa.

Danilo fue una de las personas más cultas y creativas que he conocido. Lamentablemente, quienes debían escuchar sus ideas no lo hicieron. Sugería dedicar el esfuerzo constante y uniforme a las cosas pequeñas e ir atendiendo y solucionando una por una. Las cosas grandes y costosas.  Atenderlas en cayapa: concejales del gobierno, la oposición y alcaldes ante las autoridades nacionales y regionales y, si los planteamientos son claros, concretos y bien planteados, se logrará su solución.

El pasado 2 de este mes, su noble corazón dejó de latir; atendió el llamado del Buen Dios, quien seguro lo recibió en su reino.Nos deja su grato recuerdo y sus útiles enseñanzas que esperan ser llevadas a la práctica. Descansa en paz, buen amigo. 

Leer también: Llamado a la libertad

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