En los años 80 del siglo pasado, un desertor y exagente de la hoy extinta KGB (agencia de inteligencia de la desaparecida Unión Soviética) se paseó por todo el grupo de países llamados occidentales dando conferencias y concediendo entrevistas sobre un tema muy interesante: las estrategias soviéticas para desinformación o guerra ideológica, que también se pueden traducir como la desestabilización ideológica y la promoción de la subversión como métodos para derrocar un sistema de gobierno o de valores desde adentro sin hacer un solo disparo.
Según las palabras de ese exagente, la inteligencia soviética estaba muy clara en el método para la conquista de un país sin invasiones o violencia visible. El objetivo era siempre a largo plazo, a quince o más años, tiempo suficiente para reeducar la población mayor y levantar una generación criada con la mentalidad favorable a los intereses de Moscú y que hubiera sustituido sus valores tradicionales por los del silencioso invasor.
En ese tiempo se desmonta la historia tradicional, se cambian los valores prescritos por la educación, se eliminan los medios de comunicación que no siguen la pauta, se convierte la cultura en un medio de alienación y de profundización de las ideas, también se trabaja en la destrucción de los lazos familiares y se relaja la moral pública bajo la premisa de una nueva sociedad más libre. El objetivo, como dijo el exsoviético, es crear confusión, que los invadidos “no distingan entre verdad y mentira, entre lo propio y lo ajeno, entre libertad y opresión”.
Cuando el objetivo es logrado, ya no es necesaria una invasión física; el país se ha derrumbado desde sus cimientos y necesita creer que la autoridad soviética es el progreso y la salvación, que su propia autoridad es débil y necesita del brazo fuerte soviético, y es en ese momento que el invasor ya no necesita la violencia para la toma del poder, que en algunos casos será ejercido nominalmente por un nacional adepto a la causa de Rusia. Entonces el final ha llegado. La conquista está completa.
Básicamente, la estrategia para el logro de su objetivo de conquistar sin luchar en las playas es una receta de cuatro pasos que comienza con la desmoralización que logran con la destrucción de los valores de los invadidos, que trae en consecuencia el caos y el miedo; luego la falta de rumbo lleva a la desestabilización y caída de las instituciones, después viene la crisis de poder y la ingobernabilidad que finalmente lleva a la normalización de la idea de que ser satélite de una potencia extranjera es un camino posible y que aceptar como propias sus autoridades es una necesidad de supervivencia.
El exagente de la KGB se llamaba Yuri Bezmenov y en las redes sociales se puede encontrar un párrafo que resume sus pensamientos; la siguiente es una versión parafraseada y condensada extraída de diferentes conferencias y entrevistas, pues no existen registros físicos de sus palabras al respecto, que se suelen resumir así: “El arte supremo de la guerra no consiste en combatir, sino en subvertir silenciosamente cualquier cosa de valor en el país de tu enemigo: su cultura, su historia, su moral, su familia, su sistema educativo, sus medios y su entretenimiento».
Hacerlo hasta tal punto que la percepción de la realidad de tu enemigo quede completamente distorsionada, hasta que ya no te reconozca como enemigo. Al contrario: te verá como aliado, como progreso, como salvación. Entonces podrás tomar a tu enemigo, conquistar su nación y destruir su libertad sin que se dispare un solo tiro”.
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