Dice el estribillo cantado en este montuno de desarraigo amoroso con la orquesta venezolana La Dimensión Latina, que irrumpió en los escenarios musicales del Caribe en 1975, y ha sufrido con el transcurso de los años varias divisiones, llevándola a adoptar algunos lineamientos en su formato orquestal, por ejemplo, en este interesante tema donde la síncopa trombonera por los vientos – metal está en conexión indisoluble con el cálido y vibrante vuelo rítmico – melódico.
A diferencia de muchas orquestas que ni siquiera tuvieron fortuna a la hora de la escogencia de los temas clásicos, la orquesta La Dimensión Latina desde su creación siempre logró seleccionar números cuya vigencia en el tiempo es al parecer imbatible.
Fue así como acudieron a las canciones de amor desgarrado donde la tragedia abruma, siempre impregnada la historia de lágrimas, y en esta canción se manifiesta el amor no correspondido, que trasciende en el tiempo con un inmenso despecho, y así se manifiesta porque el que está amando y no es correspondido, al no poder alcanzar una cosa, no ha sido motivo para dejar de desearla. Al contrario, más bien tiende a suscitar y avivar el deseo. Así ocurre que nuestro amor por otra persona y nuestro deseo de encontrarnos en su compañía aumentan al no estar la persona amada, y la imposibilidad de comunicarnos con alguien de nuevo puede convertir en amor o en estima la compañía que antes nos producía hartura y tedio.
De una misma manera, el amador que comprende que no puede alcanzar lo que ansía y que cada paso que dé para poseer a la amada le revelará nuevos y vastísimos terrenos imposibles de conquistar. No por ello desfallece, ni halla medicina para su pasión; antes al contrario, se exacerba y se aguza hasta quedar mudo en desesperación que le hace considerar lo que está amando como mil veces más precioso y deseable.
Una noche de bohemia tormentosa salí a recorrer la ciudad, pendiente de algunas tabernas que me dieran abrigo a mi dolor, y mi asombro fue mayor cuando vi a Milagros en un centro comercial bailando con pasos cortos con La Dimensión Latina y cantando el sonero Alexis Martínez con la síncopa trombonera, el repique extraordinario del bongó y el coro contundente acompañando al cantante Martínez.
El sonero Rodrigo Mendoza, Joseito Rodríguez, timbalero que siempre ha estado con La Dimensión Latina, y Vladimir Lozano, esa voz extraordinaria en las dos últimas estrofas a lo largo de la canción, dándole a la melodía una mayor cadencia, y le dejó a mi compadre querido Sebastián esta canción:
Compadre querido
Oiga, mi compadre, vamos a beber
yo quiero que usted me brinde un trago
y dígame cómo hago
para olvidar a esa mujer.
Ay cuando no la puedo ver
es que me mata el guayabo
y dígame como hago
para olvidar a esa mujer.
Yo he visto mujeres rogando un cariño
Ay llora como un niño
sin que lo consuelen
son cosas que duelen
compadre querido.
Diga, mi compadre, aquí tiene el trago
y me perdona que se lo diga
usted está martirizado
y ella se encuentra tranquila.
Ay que nadie me guarde luto
que no me lloren, compadre
el que muere por su gusto
hasta la muerte le sale.
Ay por esa hembra, hay cosas que sufro
Y si me duele, no hay que pensarle
El que muere por su gusto
hasta la muerte le sale.
(Montuno)
Son cosas que duelen, compadre querido…
Fueron el son montuno, el guaguancó y la guaracha los moldes musicales cubanos por seguir en el movimiento salsoso. A pesar de todo, la orquesta La Dimensión Latina desde su creación tomó la música cubana y la adaptó a los nuevos tiempos haciéndole cambios, por ejemplo, variando tanto el estilo como el esquema original del montuno. Un cambio poco perceptible pero de gran valor musical, presentando secuencias entretejidas creadas por el bongó, la tumbadora y el bajo.
El bongosero ejecuta una secuencia de golpes que son propios del son montuno, mientras el piano, el bajo y la tumbadora van en forma sincopada. Las características de este modelo y sus dos variantes envuelven las acentuaciones melódicas y rítmicas del estribillo cantado y la parte de los pasos de baile. Además, el bajo es rasgado, dándole un efecto percusivo.
El sonido de La Dimensión Latina, en esta etapa, describe un eco novedoso: percusión fresca, sonido de trombones puesto desde una nueva perspectiva melódica, timbre variado de las trompetas como extrayendo al máximo de emoción un mínimo de notas, bajo austero y piano con contrapunteo. No obstante, hoy encontramos orquestas de salsa haciendo una tragedia musical en ritmo, melodías y composición.
Desplazaron la tensión sónica, el poder rítmico y la fuerza de los arreglos para dedicarse a componer unas letras mediocres de poco contenido lírico y poético. Se perdió la esencia del montuno grueso y la rabia de los trombones que tanto prestigio y reconocimiento le dieron al movimiento salsoso.
Y recuerdo que en las décadas de los 70 y 80 en Agua Negra, en el municipio José Joaquín Veroes, bailando furiosamente con la orquesta La Dimensión Latina, su música se hizo dueña de nosotros y comenzó a aflorar: la alegría, la algarabía, la solidaridad, el respeto, el encuentro, el arraigo, la identidad, la amistad, la querencia auténtica (no la de ahora), y celebrábamos la vida hasta que el cuerpo aguantara con esos pasos inventados por nosotros que solamente la magia de la salsa de afinque con su sonrisa plantó su voz aquella noche con barcos de nubes en el cielo y la brisa matinal sobre los cuatro vientos derramó sus manchas de plátanos que corren por nuestras venas.
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