Pakistán ha dinamitado este viernes 27 de febrero el frágil dique de contención que, hasta ahora, evitaba que su pulso con los talibanes afganos se convirtiera en un choque declarado entre Estados.
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Medios locales han informado que la operación continúa “siguiendo las instrucciones del primer ministro”, así lo ha declarado un portavoz del departamento de comunicación del ejército pakistaní.

Se conoció igualmente, que previamente, el Gobierno pakistaní informó de que sus fuerzas armadas bombardearon de madrugada objetivos en Kabul, la capital de Afganistán, y otros puntos del país, con el que comparte una frontera de 2.640 kilómetros.
Horas más tarde, el ministro de Defensa paquistaní, Khawaja Asif, proclamó que Islamabad se encontraba en una “guerra abierta” con el régimen talibán, un salto retórico y operativo que implica asumir el enfrentamiento como un conflicto directo entre fuerzas estatales, y no solo como una sucesión de escaramuzas fronterizas o golpes puntuales contra grupos armados.
Según lo que reseña El País, en la capital afgana fue bombardeado al menos un depósito de munición, según un oficial militar afgano citado por medios internacionales, mientras que la radiotelevisión estatal paquistaní informó de impactos contra un arsenal similar en Kandahar.
Las cifras de bajas difundidas por los dos bandos no han podido ser verificadas de forma independiente. Pakistán sostiene que ha asesinado al menos a 133 combatientes afganos, mientras que las autoridades talibanes afirman haber causado la muerte de 55 soldados paquistaníes y tomado 19 puestos fronterizos. En paralelo, ambos mandos han presentado sus acciones como respuesta necesaria a una agresión previa.




