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miércoles, junio 12, 2024
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Travesías: Educando a papá

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Alfredo Barillas Araujo

Ante todo, mi respeto, reconocimiento y consideración a mis “pares” adultos mayores.

En primer lugar, les confieso que soy uno (sin duda habrá otros), que como yo se han resistido y se resisten al cambio de rol que como padre, autónomo e independiente ha liderado, otros mediante acierto y fracaso, su familia, pero como el tiempo no pasa en vano, los cambios nos abruman convirtiéndonos en abuelos.

Comprender que ya no nos valemos por sí solos, que nuestras decisiones ya no son tan importantes y que queramos o no debemos delegar autoridad y responsabilidades para así finalmente convertirnos en asesores, dada la experiencia y valía personal. Esta situación nos produce impotencia, angustia y hasta depresión, hasta el punto de abandonarnos y ponernos, quizás antes del tiempo de Dios, en la puerta de embarque hacia lo desconocido.

En consecuencia, uno de los aspectos que deberíamos corregir es el hábito al sedentarismo que en nada favorece a nuestro bienestar y deteriora nuestra vida. En fin, estamos en la obligación, con esfuerzo y dedicación intentar dejar algo de nuestro tiempo en hacer ejercicio físico, aplicarse al arte o la música, entre otros.

Otra de las consideraciones podría son aquellas conductas que de manera inconsciente manifestamos a nuestro entorno y que igualmente no nos favorece, conductas como la obstinación y lo irreductible frente que se manifiesta frente a los criterios de los demás, debido a su carácter egocéntrico, pensamientos sumamente rígidos que afectan la salud mental y física.

Aprovecho la oportunidad para hacerles llegar un símil literario sobre los apegos; estoy consciente de lo sensible que representa este punto, pero que sin lugar a dudas cuesta y es difícil superar; lo hago público como una forma de compromiso interior para lograrlo.

Recordemos una de las particularidades y hazañas de la crianza de los aguiluchos:

“El águila les prepara su nido con hiervas, plumas y espinas que darán cobijo y confort a su crecimiento y desarrollo, una vez los aguiluchos crecen, el águila emprende la retirada de aquellas plumas y hiervas que una vez sirvieron para un sano crecimiento y “decide” dada su naturaleza, dejar las espinas con el objeto de incomodar a sus crías y obligarlas a tomar viaje”… En un primer intento, el viento les gana la “partida”, hasta que con ayuda de su padre y luego de varios intentos se logra el objetivo.

La reflexión, afortunadamente en algunos casos viene dada a la resistencia que adoptamos, frente a reconocer que nuestros hijos crecieron y que como nosotros deben edificar su vida hacia el futuro, con todo y las consecuencias que sus decisiones traigan consigo.

Démosle la oportunidad para construir, claro está, siempre y cuando hayan cultivado la “materia prima”, educación, humildad, respeto, responsabilidad, etc, etc. Con el fin de disfrutar de una familia sana y funcional.

Los hijos serán siempre nuestros hijos, pero no estamos en el derecho de decidir por ellos, aun cuando la experiencia nos diga lo contrario; no somos sus propietarios para “enajenar” sus vidas por aquello de que nadie aprende en cabeza ajena. Se adquiere conocimiento preparándose, haciendo y corriendo riesgos. Si todo eso lo llevamos a la práctica, con cautela, responsabilidad y prudencia y sin angustia, seguro recibimos valor agregado a nuestra vida y finalmente, saliendo según los deseos de sus padres; de cualquier manera, siempre se cosecha lo que sembramos.

Quiero dejarles unos ejemplos prácticos de personas que fueron destacadas en diferentes escenarios y de acuerdo de su actividad realizada a través diferentes reconocimientos entre ellos con la estatuilla dorada:

  1. Morgan Freeman: Actor norteamericano, ganador del Oscar a los 67 años por su película “Million dollar baby”.
  2. José Saramago: Escritor portugués, destacó por su novela “Alzado del suelo”.
  3. Winston Churchill: De nacionalidad británica, logro llegar al poder del Reino Unido a los 66 años.
  4. Giuseppe Verdi: Compositor italiano de ópera, del siglo XIX. Su obra más conocida llamada “Otelo”, y cuyo estreno la realiza a los 74 años.
  5. Y, entre otros muy importantes: Alexander Fleming, científico escocés quien descubrió la penicilina a la edad de 47 años.

… No se es tan viejo para comenzar a invertir tu tiempo…

Hasta otra travesía…

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