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martes, octubre 6, 2026
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Notas desde Farriar…“El arte es ocio, y lo demás, negocio”

I
Ludovico Silva hace millones de soles dejó caer en las tinieblas este rayo de luz para enceguecer a la modernidad y escribió: “El arte es ocio, y lo demás, negocio”. Y sintetizó él toda la tradición moderna y antigua del ocio. “Un dios hizo estos ocios para nosotros”, en el verso primero de las bucólicas de Virgilio. Esa era su mejor manera de ser poeta: vagar en una ocupación y procurar placer a alguien, aborrecer la falta de placer y el deseo de ocuparse de nada…

II 
Quien dice arte dice humanismo. Nada fácil definir qué es arte. Nada fácil definir qué es humanismo. Sin embargo, de arte y humanismo tenemos dilatada noción sin límites estrictos. En la estética es donde más molesta la frecuencia de las tautologías. Las tautologías ponen de manifiesto una dificultad. Esta dificultad siempre me ha atraído. Orfeo es el primer humanista. Abolir, atenuar la libertad del hombre. La maza del Neolítico es más civilizada que la bomba de neutrogeno. Restituir al hombre a sí mismo. Restituirlo bendecido por la luz, por el azul del cielo. A la finalidad sin fin kantiana del arte he opuesto un sinfín de finalidades.

III 
El arte es para mí una fiesta del alma. El arte es el ejercicio de la libertad. Picasso solía preferir un poema de Paul Éluard a las explicaciones de los siniestros profesores. El sueño de la razón engendra maravillas. La estética, ¿no es la sombra del arte?

IV 
La lucidez de la locura de Armando Reverón fue que él enamoró las estrellas, y en esos trazos en espacios abiertos, desnudo y vestido de pobreza, peleando contra  el infortunio, inventó la luz apocalíptica, y el azul y el sepia volaron hacia el mar amarillo y espumoso enmohecido por la historia donde Acarantair escondió sus embrujos. 

V 
El arte es el vehículo perfecto para desalienar al hombre. ¿Por qué el hombre es humano? La incesante búsqueda de lo humano, del concepto humanidad, de normas abiertas y plurales en relación con una vida más cumplida por ascenso de la razón y del ensueño, es humanismo.

VI
La universalidad de lo humano se conquista más allá de nacionalismos, de ideologías, de modernidad. Los artistas han asumido la universalidad del hombre.

VII
Con la imaginación y la memoria anhelamos significar, aprehender el futuro y el pasado. Georges Braque decía: El presente es perpetuo. Todo se elude y su captura es obra mayor de las artes. Del humanismo. El arte detiene el tiempo.

VIII
Las grandes composiciones, los grandes temas. A veces en ellos nos damos menos cuenta de la esencialidad de la pintura que en unas manzanas. Más que grandes temas, hay grandes pintores.

IX 
Charles Baudelaire, rey de los poetas, dejó caer esta sentencia lapidaria sobre el arte: “…El arte, lo bello, lo inútil, la moral. Se produce una gran confusión y, por falta de prudencia filosófica, cada uno toma por sí la mitad de la bandera, afirmando que la otra mitad carece de valor. Es doloroso notar que encontramos análogos errores en dos escuelas opuestas: la escuela burguesa y la escuela socialista. Moralicemos; moralicemos, gritan ambas con fiebre misionera. Naturalmente, una predica la moral burguesa y la otra la moral socialista. Para ambas, el arte no es más que una cuestión de propaganda”.

X 
La pintura, como la poesía, se hace con todos y contra todos.

XI
Finalmente, la contradicción se reduce: “El arte es ocio, y lo demás, negocio”. La poesía contra la muerte, la paz contra la guerra, el amor contra el odio. La locura contra la sensatez. Dios contra el diablo. Y una mujer, por siempre una mujer que nos conduce. “Tan solo quiero un cubículo / una botella y una mujer / para vivir en paz con mi destino; / los demás que se coman su dinero”.

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