Hubo un tiempo en que la vida de la comunidad no se media en supermercados, ni en códigos de barras, sino en la distribución de los espacios, el aroma a café recién molido, el olor a jabón y el sonido metálico del peso. Las bodegas y los bodegueros de antaño, no eran simplemente un punto de venta, fueron una especie de plaza pública, un centro de noticias o el aliado incondicional de la economía familiar.
Estimados seguidores, detrás del mostrador, los bodegueros de la época como Don Julio González, Moisés Rodríguez, Emilio López, Agustín López, Rómulo González, Blas Aguiar, Ramón Castillo, Julio Parra, Francisco Camacho, Eugenio Camacho, Vicente Parra, Pancho Parra, Justo Pérez, Miguel Avendaño, Antero Arteaga, Ramón Avendaño, Hermanos Valera, Sabino Caldera, Fermín Ochoa, Ricardo Bravo, Adolfo Palacios, Carmen de Palacios, Juan Mora, Monche Avendaño, Eutoquío Ochoa, Alirio Veliz, Petra Lozada, Lino Linarez, José Hernández, Giovanni Molinaro eran mucho más que comerciantes, conocían las alegrías y las penurias de los hogares.
No necesitaban pedir identificación ni tarjetas para fiar, le bastaba la palabra empeñada y sobre una pequeña libreta con tapa de cartón anotaban los pedidos del día.
Los productos que vendían en locales como la guarabaeña, queronio, el sacrificio, la casualidad, frutería sampayo, la coromoto, abastos unión, abastos lulimar, el coco, la económica, el manguito, el bachiller, el sunsún, bucarito, el entendimiento, pasta la sirena, despachaban según la necesidad exacta del cliente. Estos sitios eran el espacio natural para la conversación informal, el juego o la consulta de las noticias del día.
Con el paso del tiempo y la llegada de la modernización, muchos de estos espacios fueron cediendo terreno ante el ritmo de cambios en Guama. Sin embargo, recordar las bodegas y bodegueros de antaño, no es solo una mirada nostálgica al pasado, es rescatar ese modelo de convivencia basado en la empatía, el trato personalizado, la amistad y la solidaridad vecinal que hoy más que nunca, extrañamos en el comercio moderno.
En los pueblos como Guama, donde el tránsito vehicular era lento y el reloj media el cumplimiento de las responsabilidades, las bodegas no eran sólo un comercio, fueron la plaza y caja de ahorros del habitante. Atravesar sus puertas era entrar a un universo donde los olores se juntaban el tabaco, el queso, el kerosén, el jabón azul, las hortalizas y la tierra húmeda de las calles tapizadas por la lluvia. El bodeguero y las bodegas no eran simples vendedores, fueron autoridades sin nombramiento oficial; sus mostradores, gastados por el roce de codos y monedas y la colocación de sacos y viveres, vieron pasar a generaciones de personas de distintos estratos sociales.
En las bodegas de Guama, el valor de las cosas nunca se midieron por el dinero, sino en el respeto mutuo de quienes compartimos este bello terruño, cuna de ilustres personalidades y de gente trabajadora y servicial, un pueblo que se convirtió lentamente en una tierra rica, respetable, bendita por el creador y prospera puesta al servicio de guameños y visitantes. Bellos recuerdos.
En los pueblos como Guama, donde el tránsito vehicular era lento y el reloj medía el cumplimiento de las responsabilidades, las bodegas no eran solo un comercio; fueron la plaza y caja de ahorros del habitante.
Atravesar sus puertas era entrar a un universo donde los olores se juntaban: el tabaco, el queso, el kerosén, el jabón azul, las hortalizas y la tierra húmeda de las calles tapizadas por la lluvia. El bodeguero y las bodegas no eran simples vendedores, fueron autoridades sin nombramiento oficial; sus mostradores, gastados por el roce de codos y monedas y la colocación de sacos y víveres, vieron pasar a generaciones de personas de distintos estratos sociales.
En las bodegas de Guama, el valor de las cosas nunca se midió por el dinero, sino en el respeto mutuo de quienes compartimos este bello terruño, cuna de ilustres personalidades y de gente trabajadora y servicial, un pueblo que se convirtió lentamente en una tierra rica, respetable, bendita por el creador y próspera, puesta al servicio de guameños y visitantes. Bellos recuerdos.
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